16 enero 2017

Diálogo entre artistas

Carlos Jover, compañero de estas y otras páginas, y sin embargo amigo, acaba de presentar su quinto libro (sexto, si contamos el poemario publicado al alimón con Jaime Pujol allá por 1984) y, en esta ocasión, no se trata de poesía ni de narrativa, sino de una recopilación de sus trabajos críticos sobre la obra de un estupendo artista multidisciplinar uruguayo afincado en Mallorca, Marcelo Víquez (Palma: Galería Kewenig, 2016). Se puede decir que Jover es el máximo conocedor de la obra del de Montevideo, pero también es uno de esos críticos que se toman su tarea como lo que es: un género literario más. Así, su texto no es solamente un catálogo al uso, sino que por sus páginas transita un lirismo que encaja a la perfección con una obra plástica en la que predomina el oxímoron, la mentira como materia artística, la búsqueda del envés de todo concepto, de todo objeto… Las imágenes de Jover dialogan con las imágenes de Víquez y de ese apareamiento nacen definiciones a la vez hermosas y lúcidas, como la siguiente: “Marcelo Víquez opta por el juego perverso de banalizar la banalización, una estrategia que descoyunta todo el sistema operativo dispuesto como amenaza real por el Poder”. Es el arte que interesa. El Mundo-El Día de Baleares.

09 enero 2017

Una nueva realidad mixta

EL ARTISTA ALEMÁN EXPLORA LA FRONTERA ENTRE LO NATURAL Y LO TECNOLÓGICO

Kanjo Také. Evolution - Gerhardt Braun Gallery, Palma

Kanjo Také (Berlín, 1953) tiene amplia formación en comunicación visual, pintura y fotografía y una larga trayectoria profesional desde 1976 como fotógrafo y director artístico en las mejores agencias internacionales de publicidad. Desde 1988 se reconoce como artista gráfico y, como tal, a partir de 2002 empieza a protagonizar grandes exposiciones individuales por todo el mundo. Su dominio de la fotografía digital le permite trascender sorprendentemente, con aparente sencillez, los límites de lo técnico.

La selección que ha abierto al público en Palma, gracias a la iniciativa de ese magnífico ingeniero de puentes artísticos que es Dieter Ronte, y que mantiene actualmente, ofrece una visión heterogénea pero significativa de su obra. Evolution incluye piezas como EiColor 01, admirable fotocollage de 2008 que indaga en las formas naturales y el movimiento; o Mirror, una obra inserta en la serie Nowhere que, a partir de 2008 y en alusión a una célebre serie de xilografías de Katsushika Hokusai (1760-1849), intenta fundir naturaleza y abstracción a través de los aspectos y enfoques más inesperados de la primera. Esta obra encuentra el eco asombroso del mar y la montaña en el movimiento ondulado virtual de una imagen reflejada; como todas las de la serie, presenta la imagen del Fujiyama como cima intacta del conjunto, como referencia o guardián de la pureza – natural pero también estética– en medio de la confusión obtenida. Také pone de manifiesto las complejas relaciones entre la obra del hombre y su entorno natural, y esto es central en Evolution (2016), obra en siete paneles que explota la contraposición de una naturaleza bulliciosa y multitudinaria hasta el horror vacui con elementos culturales y tecnológicos que, no obstante, se integran en el conjunto como partes de una nueva realidad mixta, en la que los límites entre lo natural y lo artificial desaparecen, como sucedía de manera ejemplar con los afortunadísimos ventiladores de su proyección Ghostnight sobre la carpa del festival de Düsseldorf de 2014.

Las características de la obra y la entidad del artista merecían, creo, una mayor atención al trabajo de comisariado y un mejor montaje por parte del galerista. Dividir en distintos planos una obra panelada pero unitaria no parece la mejor solución. La pobreza en cartelas y una disposición que no facilita la comprensión de la muestra dificultan la visita. Así y todo, Evolution no deja de ser el atisbo de lo que debería ser, en el futuro, la muestra definitiva en Palma de un artista sobresaliente. El Mundo-El Día de Baleares.
Kanjo Také, EiColor 01, 2009, sexta edición, fotocollage sobre aluminio Dibond, 200 cm × 150 cm.

26 diciembre 2016

Sobre la escultura en Baleares

El panorama escultórico de las Islas Baleares es abundante y pleno de calidad. A veces creo que existe una tendencia a arrinconar la escultura en el hueco que queda entre la pintura (una disciplina que tradicionalmente ha representado o compendiado en sí misma todo el mundo de las artes plásticas) y la instalación y otras artes mixtas y performativas que son características del arte contemporáneo. Sin embargo, las Baleares son cuna y refugio de una extensa, intensa y variopinta nómina de magníficos escultores. La escultura, que indaga en la materia y hace del espacio, la luz, la sombra y el movimiento objetos de su trabajo, nos ofrece (y presta a las demás artes) algunos de los elementos más revolucionarios de la modernidad.

Prueba de esta afirmación fue, allá por 2005, Escultura contemporània a les Illes Balears, una exposición ideada por Joan Carles Gomis y comisariada por Maria Antònia Artigues para el Projecte Llevant. En su catálogo se desplegaba, más allá o lejos del arte de rotondas, obra de veintidós artistas muy comprometidos con el concepto y la materia (Canyelles, Costa, Fullana, Matas, Planas, Sard…) y un útil y completo cuerpo de colaboraciones críticas. Un panorama, en fin, que desmenuza todas las generaciones y tendencias del arte escultórico balear, y un libro imprescindible para su conocimiento. El Mundo-El Día de Baleares.

19 diciembre 2016

Tensiones no resueltas

“Por suerte, la cultura es un espacio de tensión y no un oasis de paz”. Me quedo con esta inteligente frase de Jordi Oliveras, que visitó no hace muchos días Palma para presentar el libro colectivo Cultura en tensió dentro del ciclo Emergències, que tiene lugar en Drac Màgic. Me recuerda aquello de que la democracia es esencialmente conflictiva, frente a las dictaduras, en las que reina la paz de los cementerios.

Oliveras rechaza el elitismo y la apropiación de la cultura por parte de instituciones, mercado y colectivos profesionales. “Se trata y se considera la cultura como una cosa que la gente no tenemos y deberíamos tener, o tener más”, ha dejado dicho en alguna entrevista, y no le falta razón. Sin embargo, su propuesta alternativa, lo que llama cooperativismo cultural, basándose en que todos, “por el hecho de vivir en sociedad, somos seres culturales”, adolece –creo– de una enorme ingenuidad. Es cierto: todos somos seres culturales desde el momento en que transformamos la naturaleza para nuestro consumo o nuestro ocio. Ese clan de chimpancés que, en la selva y sin intervención humana, ha aprendido a fabricar largas varas para pescar algas en el fondo del río, también dispone de una cultura incipiente. Sin embargo, y sin querer pecar de elitismo, no parece rechazable que las instituciones y el mercado regulen la excelencia: eso que damos en llamar arte, frente a la cultura de los antropólogos. A efectos de gestión, si todo es cultura, nada lo es; y después, claro, hablemos de buena o mala gestión.

A todo esto, una artista asistente a la presentación insistía en su máxima preocupación: “¿Cómo vamos a crear si no nos dan pasta?”… El debate que parece acuciarnos no es otro que el que quiere establecer el orden temporal de los actos de crear y vender. Poco que ver con el arte o la cultura. El Mundo-El Día de Baleares.

12 diciembre 2016

El destino como cruel paradoja

FIOL CUESTIONA LA HISTORIA DEL PROGRESO BASADO EN LA TECNOLOGÍA

José Fiol. Reach for the Stars. Galería Fran Reus, Palma - Hasta el 31 de enero de 2017

Todos recordamos con horror la tragedia del Challenger, ocurrida el 28 de enero de 1986. El cohete que propulsaba aquel transbordador espacial sufrió una explosión a los 73 segundos del despegue y el transbordador cayó al océano. Los siete tripulantes murieron en el impacto que desintegró la nave en el mismo inicio de la que debería de haber sido su décima misión. La televisión difundió por todo el mundo las imágenes de un desastre que cuestionó gravemente la idoneidad de los controles de la NASA e interrumpió los vuelos espaciales durante dos años. La hegemonía espacial norteamericana, lograda en los sesenta a partir del vuelo orbital de John Glenn y de la llegada a la luna de Armstrong, Aldrin y Collins, estaba de nuevo en tela de juicio.

José Fiol, que antes se ha fijado en otros escenarios de la muerte, esta vez posa su minuciosa mirada en las figuras de aquellos siete astronautas fallecidos. La reproducción de sus retratos promocionales oficiales al óleo sobre dibond nos devuelve solo en parte el espíritu de progreso científico y humano que inspiraba aquellas aventuras, y aquella en particular, que significativamente incluía en la tripulación a Christa McAuliffe, profesora de Secundaria, como parte de un programa de integración de personas civiles en los programas de la Agencia. Digo que nos devuelve ese espíritu solo en parte porque están las sonrisas y están todos los iconos: los uniformes, las insignias de la NASA, los cascos, las maquetas del transbordador… pero no está la vida. El blanco y negro contradice el propagandista optimismo de los protagonistas, y las leves veladuras de color, inspiradas de manera más o menos gratuita por los experimentos cromáticos de Fiol con las cartas astrales de los retratados, les otorgan una calidad fantasmal que afecta de forma inquietante a nuestra percepción de las mismas figuras retratadas, pero también del acontecimiento histórico en sí. Los héroes celebrados pasan así a ser personas dignas de conmiseración, vidas truncadas que permanecen flotando detenidas en el tiempo del retrato oficial, crueles instantáneas anticipadas de la tragedia.

Hoy un asteroide y decenas de escuelas en toda América llevan el nombre de McAuliffe, cuya trayectoria fue objeto de un documental en 2006. Su lema vital y pedagógico era reach for the stars: ‘alcanza las estrellas’. Las trágicas circunstancias del siniestro y la irrupción de la astrología en el entramado conceptual de la obra le confieren a todo el conjunto un tinte paradójico, casi sarcástico, que no deja de estar presente en las sonrisas fosilizadas, un poco grotescas, de los astronautas que nos miran desde los óleos de Fiol, iluminados por la luz espectral de su destino. El Mundo-El Día de Baleares.


05 diciembre 2016

El ‘Gelabert’, tampoco

El departamento municipal de Cultura de Palma da que hablar fuera de las islas. Al escándalo del nombramiento del director de la Miró –que no cumplía los requisitos–, al defenestramiento sumarísimo del director de la FPEA –que sí los cumplía–, a la programación en la planta noble del Solleric de una exposición de circunstancias imposible de creer, hoy, se suman las críticas publicadas por la Plataforma Asamblearia de Artistas de Cataluña en torno al Premio Ciudad de Palma Antoni Gelabert de Artes Visuales 2016. Para la PAAC, su defectuosa convocatoria incumple las buenas prácticas exigibles y “genera un marco de hostilidad hacia los artistas” susceptible de vulnerar sus derechos de autor.

Para la PAAC, y para cualquier persona razonable que conozca el mundo del arte, en las bases del Gelabert deberían especificarse extremos como fechas y espacio de exposición, honorarios correspondientes a los artistas expuestos y cantidades destinadas a producción, montaje, equipamientos, comunicación, seguro, etc. que asumirá la institución; así como las obligaciones de la misma con respecto a los derechos morales del artista y la preservación y conservación de las obras premiada y finalistas que formarán parte de la exposición; o los derechos de edición y reproducción de las mismas.

Así mismo, la PAAC califica de “incoherente” con un concurso que acepta obra audiovisual que, por otro lado, se excluya cualquier obra seriada; de “abusivo” que se prohíba a los artistas presentar sus obras a otros certámenes y se les exija acudir a la inauguración, pero no se cubran sus gastos de viaje y estancia; y de “grave incumplimiento de las buenas prácticas” que no estén previstos honorarios para los artistas expuestos.

El espectáculo caótico y amateur que está dando el Ayuntamiento en su gestión cultural no se corresponde con la profesionalidad que han mostrado sus instituciones en otros momentos, ni es, desde luego, lo que se merece el contribuyente palmesano. El Mundo-El Día de Baleares.

28 noviembre 2016

Mujeres que se pintan

Mercedes Laguens es artista visual, pero también autora de un interesantísimo libro de condición sugerentemente mestiza: Desde otro lugar (Palma: Calima Ediciones/AAVIB, 2004). Sus páginas, precedidas por una introducción de Juan Luis Vermal, reunieron reflexiones escritas y gráficas de la artista sobre su trabajo, así como apuntes y referencias significativas de otros autores. En sus bocetos, Laguens despejaba tal vez algunas incógnitas presentes en obras de aquel período, como las de carácter más geométrico que aparecen en el catálogo de la exposición Pell de pintures (Palma: Ayuntamiento, 2003), y también anunciaba claves de parte de su obra futura.

Sin embargo, me impresionan sobre todo su pensamiento –de una densidad perfectamente poética– sobre la naturaleza de la actividad artística. Certero en sus apreciaciones sobre la memoria como interpretación (“el pasado no existe”), alcanza impresionantes grados de lucidez cuando habla de las texturas como recurso para salvar el paso del tiempo y el olvido. Abruma su coherencia cuando trata de la utilización del fragmento como única técnica compositiva posible, desde los puntos de vista de la memoria y del espacio; o de la paradoja de que la pintura, siendo piel, sea a la vez interior. Emparienta Laguens, así, con los poemas de María Ángeles Pérez López (Atavío y puñal) o las prosas de Ernesto Hernández Busto (La ruta natural). El Mundo-El Día de Baleares.

21 noviembre 2016

La suma no siempre da positivo

REINAN MARAVER Y COSTA EN UNA COLECTIVA IRREGULAR

Introducting 2+2. Capella de la Misericòrdia, Palma - Hasta el 30 de diciembre de 2016

La exposición recién inaugurada por el Consell de Mallorca en la Misericordia, comisariada por Antoni Torres y Gudi Moragues, tiene como objetivo mostrar la obra de dos artistas mallorquines consagrados junto a la de dos artistas mallorquines jóvenes. Es posible que el Consell, según ha adelantado el consejero de Cultura, persevere en esta fórmula que, bien desarrollada, podría resultar verdaderamente fructífera. En esta ocasión, los consagrados son Luis Maraver y Joan Costa; y los jóvenes Fèlix Coll y David Campaner.

Convendría en todo caso que la conjunción de artistas mostrara algún hilo narrativo o de reflexión que fuese más allá de lo meramente aritmético y proporcionase argumentos al espectador; algo que, al menos a mí, se me escapa. Convendría también que para la fecha de la inauguración el público contase con algún tipo de material de apoyo: folletos, una cartela introductoria, no digamos ya un catálogo…

Dejaré para un día que esté de buen humor la obra seleccionada de David Campaner. La de Fèlix Coll, que integra óleo y acrílico, pintura figurativa y textos integrados, parece a medio camino entre el arte y lo mejor de la publicidad; su lenguaje simbólico y su sentido de la composición me interesan mucho, pero aún no veo a un artista realmente cuajado en sus cuadros, sino a alguien que administra con acierto, eso sí, importantes destrezas. De Joan Costa no hace falta decir nada a estas alturas, pues ya lo ha demostrado casi todo. De sus aportaciones a esta muestra solo mencionaré la maestría técnica en el sometimiento de la materia y el color, en su serie Drops, o la calidad casi biológica de sus hierros o de sus prodigiosas Algues de 2014, en acrílico sobre papel.

Porque quiero detenerme más en el Luis Maraver viajero que se asoma a estas líneas. Ya entrevimos esta serie egipcia en su reciente exposición en Rialto Living. Aquí reduce su radio viajero al Egipto de las pirámides y convierte ese cuerpo geométrico en vértice de un mundo en el que diminutos humanos hacen equilibrios sobre la cuerda con ayuda de una pértiga: ¿cabe mayor soledad? Maraver consigue efectos de relieve y perspectiva colosales en su instalación És només una il•lusió, insistir, resistir, jugando no solo con el color, el volumen y el espacio, sino también con la luz y la sombra. La relación del hombre con el entorno es fundamental en su obra: el aislamiento, el desequilibrio o el ensimismamiento reinan, también, en sus pirámides. Apabullante. El Mundo-El Día de Baleares.

Luis Maraver, Pirámide 2, 2010/2016, técnica mixta sobre tela y madera, 340 x 320 cm.

14 noviembre 2016

Pictures

Coincidiendo con la exposición en Horrach Moyà que comentamos hace un par de semanas, Pep Girbent ha presentado en Palma el libro-catálogo Pictures (Mérida, México: Fundación Belano Lima, 2016), en el que el lector-espectador encontrará un gran despliegue de reproducciones de sus obras en interacción con una extensa y jugosa entrevista-diálogo y unos textos críticos firmados por Manuel Espinoza, alguien que conoce la obra del solleric tan a fondo como si fuera su propio alter ego. El libro, como el vídeo que acompaña la exposición, introduce a quien lo abre en un intrincado laberinto de referencias visuales y audiovisuales (en todos los sentidos del vocablo inglés picture: dibujo, pintura, fotografía, película, imagen, imaginar…) y en el provechoso juego del apropiacionismo, del plagio, del autoplagio y de los heterónimos. Es imposible permanecer impasible (o inmóvil siquiera) ante el alarde creador y el enfoque fronterizo, aristocrático y provocador del pensamiento del equipo Girbent-Espinoza. Me interesan muchos aspectos de su discurso; mencionaré como ejemplo la posición de Girbent respecto de la relación entre el arte y la cultura de masas. “Los mass media”, dice, “dejan fuera muchas cosas… difícilmente se acercan a cualquiera de los ámbitos que considero las puntas de lanza del avance de la sociedad: la ciencia, la filosofía, el arte contemporáneo…”. Conviene continuar leyendo. El Mundo-El Día de Baleares.

07 noviembre 2016

Maraver viaja por el hombre

CRECIENTE INTERÉS DEL PROGRAMA DE BARBARA BERGMAN EN RIALTO

Luis Maraver. Viajando/ Travelling - Rialto Living, Palma. Hasta el 26 de noviembre de 2016

La sala de exposiciones de Rialto Living podría haber sido un mero apéndice chic en el establecimiento comercial en que se encuentra enclavada, como suele suceder en este tipo de negocios mixtos. La dirección de Barbara Bergman ha conseguido, por el contrario, hacer abstracción de las limitaciones de partida de la sala y de su complementariedad y ha trabado una programación de creciente interés, contando con nombres indispensables del panorama artístico mallorquín. Es el caso de Luis Maraver (Puebla del Río, 1957) y su Viajando, una selección heterogénea en cuanto a técnicas, soportes y formatos pero bien dispuesta en torno a la idea del viaje como forma elevada de conocimiento. En la obra expuesta desfilan paisajes y tipos de la India, Marruecos, Egipto, el África Negra, el Amazonas…

Sigue asombrando la inteligente manera en que Maraver traslada al cuadro los rasgos físicos del paisaje recordado. La obra es, así, prórroga de la experiencia del viaje y prolongación de la realidad. Sucede en los techados de paja de sus chozas amazónicas: además de conferirles un plus de profundidad difícil de conseguir mediante lo meramente pictórico, las sitúan a medio camino entre la memoria y el presente más palpable. Sucede también en los suelos pedregosos aledaños a Zagora, traducidos para el lector en tierras y pigmentos de inconfundible sabor magrebí. Todo ello no es más que una faceta de la destreza con que el pintor maneja los materiales o con que siembra el lienzo de certerísimos brochazos, solo aparentemente descuidados.

El papel del hombre es principal en estos viajes, y todo el gran peso del paisaje está a su servicio. Salvo excepciones contadas, se trata de personajes aislados por la naturaleza, por las características de su actividad o por su propio ensimismamiento. A veces ni siquiera aparece esa figura humana, pero su protagonismo resulta indudable a partir de los motivos centrales que determinan el paisaje: una choza, una canoa, la arquitectura... El artista ha escogido escenas que permiten decantar de alguna forma la dignidad humana, puesta en juego en el trasiego del trabajo o de las inclemencias naturales, pero siempre superviviente. Maraver parece querer persuadirnos de que estos hombres tan lejanos son hermanos nuestros; y a fe que lo consigue.

La obra titulada El río es, en todos esos sentidos, un prodigio. El trabajo material, la eficacia del brochazo y sus efectos de luz sobre la superficie del agua, el protagonismo de una figura casi abrumada por la naturaleza, la dignidad de su trabajo, el peso espacial y simbólico del río, su carga narrativa: todo hace de esta pieza una verdadera obra maestra. El Mundo-El Día de Baleares.


24 octubre 2016

El desafío de un arte fronterizo

MUESTRA MAGISTRAL DE GIRBENT EN PALMA

Girbent. Pictures: la imagen sensual - Galeria Horrach Moyà, Palma. Hasta el 19 de noviembre de 2016

Cuando contemplo la obra de Pep Girbent (Sóller, 1969), recuerdo una de esas noticias pseudocientíficas que reaparecen de vez en cuando en los medios desde hace unos doce años: un estudio científico concluye que la duración del presente es de tres segundos. Al parecer, esto es lo que tarda nuestro sistema nervioso en procesar los estímulos exteriores y convertirlos en un acto de percepción antes de que seamos conscientes de que ya han ocurrido y se inserten en el flujo lógicotemporal. Con Girbent no puedo evitar la sensación de presenciar la imposible plasmación de ese presente que dura tres segundos: la captación del momento en toda su fugaz singularidad y con todos sus vínculos con el pasado y el futuro expresos inexplicablemente mediante el sabio aprovechamiento simultáneo de los recursos de la fotografía y la pintura.

El arte de Girbent es fronterizo por muchos conceptos, no sólo por el juego apropiacionista, la trama inextricable de referencias y la reflexión metapictórica en que abunda (en 2003, el artista sintetizaba su actitud con una frase de Berkeley: “El sabor de la manzana no está en la manzana misma, sino en el contacto de ésta con el paladar”). Se trata de pintura pero, en su concepción, y a través del empleo de la imagen fotográfica o del fotograma, se encuentra buena parte de lo que también caracteriza al cine: la expresión del movimiento. La imagen de Girbent capta, inmoviliza y presenta los efectos del decurso temporal sobre las figuras. Aparte su impacto plástico, la pintura aporta a la base fotográfica una alta dosis de reflexión y una tranquila narratividad propiciada por su particular ejecución: si en la fotografía la instantaneidad proviene de un disparo que la hace forzosa, en la pintura de Girbent surge como fruto de un trabajo largo, reflexivo y minucioso –y a menudo reiterado– como exige el óleo sobre lienzo de la serie Pictures.

Y ese detenerse sobre el instante permite que una imagen emborronada por el movimiento o un encuadre atípico adquieran cualidades expresivas y enfaticen sin enfatizar, en un alarde de economía de recursos. Reproducir lo instantáneo –con especial atención a la recreación de atmósferas– convierte la imagen del presente en imagen para la historia, la psicología o la sociología. Enormes virtudes técnicas de Girbent son su señoreo de la composición, su paradójica renuncia al énfasis y, en suma, una factura al alcance de pocos artistas. La actual muestra en Horrach Moyà es, por lo demás, un evento artístico completísimo que reúne varios grandes formatos, algunos bocetos y un fabuloso aparato crítico (un vídeo magnífico, las cartelas, el catálogo) que, de la mano del enigmático Manuel Espinoza, desvela con rigor (o tal vez oculta) las complejas claves estéticas de este artista. El Mundo-El Día de Baleares.

El último ágape, también llamado El rito, óleo sobre lienzo (2016), 176 x 311 cm.

17 octubre 2016

Contra los límites, la paradoja

ASOMBROSA PROPUESTA DE DANIEL VERBIS EN GALERIA MAIOR

Daniel Verbis. Doble régimen (cuerpo mineral y nudo visceral) - Galeria Maior, Palma. Hasta el 19 de noviembre de 2016

De la obra de Daniel Verbis (León, 1968) se ha dicho que su característica más radical es la ambigüedad. Esto no debe ser entendido como indefinición o, mejor dicho, como involuntaria indefinición. Verbis, que además de crear teoriza con torrencial agudeza sobre la representación plástica, ha dicho precisamente que “la pintura, que es adicta a la definición de lo indefinido, es también adicta a todo lo contrario: a la indefinición de lo definido”. La frase, tomada de forma aislada, podría parecer un mero juego de palabras, pero ese juego se enriquece a la luz de otros hallazgos muy reveladores: “Cuando el pincel se acerca tanto al lienzo que pierde su sombra aparece la pintura; entonces la pintura puede explicarse como una luz que ilumina una sombra. Como una sombra coloreada”. El leonés siembra sus escritos y sus entrevistas de paradojas preñadas de reflexión sobre las fronteras entre los géneros, las formas y los materiales. Es un artista permanentemente en pos de deshacer ese nudo, porque sabe que en la síntesis de los opuestos y en una aproximación irónica a la realidad estriba todo lo que merece la pena hallar en ella.

Así, en su segunda exposición individual en Mallorca (ya expuso en Pollensa en verano y repite temática y varias piezas), vuelve a jugar con la intersección de formas orgánicas y geométricas, con la armónica confusión de apariencias animales, vegetales y minerales, con la superposición de planos más allá de las convenciones pictóricas, con el juego de las sombras, con la continua, fértil contradicción entre la materia y su aspecto: esas resinas trabajadas de apariencia marmórea que reproducen cuerpos minuciosamente orgánicos; esas formas de resonancias biológicas crucificadas entre las dos dimensiones de planos superpuestos y corregidos por sus propias sombras; ese fantástico mural en el que el aerógrafo y el mismo gesto creador se prolongan en la obra en un alarde que es inseparablemente técnico y conceptual… Para Verbis, cuyo discurso teórico –juguetón, plagado de quiasmos, paralelismos y retruécanos– refleja con fidelidad lo que luego ejecuta con medios plásticos, la pintura permite organizar “el espacio como arquitectura”; se trata de una “pintura edificante de cualquier órgano, de cualquier organismo, de cualquier organización”, que “diseña lo visceral”, pero también “anima lo mineral”. En resumidas cuentas, en la obra de Verbis desaparece mágicamente toda solución de continuidad entre ideas, voluntad, materia, herramienta, gesto y obra: algo verdaderamente al alcance de muy pocos. “En el laberinto de los espejos”, dice, “mirar y morar son lo mismo”. El Mundo-El Día de Baleares.

Daniel Verbis, Autorretrato de la carne

10 octubre 2016

Abrir brecha

Las hermanas Bordoy cuidan su oferta con pulcritud extremada. Nos regalan el contacto con un puñado de artistas serios, expertos en el manejo de los materiales, hombres y mujeres que han cincelado altas cotas de destreza técnica a costa de horas de trabajo y un respeto infinito por la materia. Resulta evidente en el actual project room de Aba Art Lab: La brecha, arquitecturas del todo y de la nada, una muestra que nos acerca de nuevo a la obra de Mercedes Laguens (Tarazona, 1953), habitual de la casa.

Todo y nada parecen referencias inevitables cuando un artista enfrenta la materia y la no materia: el cuerpo y el vacío, la superficie y sus rendijas. Por entre los bordes de la brecha suele asomar lo desconocido, lo oscuro, lo que está al otro lado de nuestra zona de confort. A través de ella puede escaparse para siempre nuestra salud, nuestra hacienda o nuestra tranquilidad. Y, sin embargo, en las cerámicas y los textiles de Laguens vemos bordes luminosos; grietas que cabalgan armónicamente el movimiento de los planos; colores que asoman. Para Laguens, el sentido de la brecha es el opuesto: es la luz del futuro la que nos visita a través de ella con sus promesas de cambio. Y no hablamos solo de arte. El Mundo-El Día de Baleares.


03 octubre 2016

Joan Mateo, albañil y alquimista

EL CICLO CAMERA OBSCURA DE GÓMEZ DE LA CUESTA TRAE A PALMA A JOSÉ LUIS SERZO

José Luis Serzo. El iniciado -los signos de un obrero hermético- - Casal Solleric, Zona Base. Hasta el 4 de diciembre de 2016

Los proyectos de José Luis Serzo (Albacete, 1977) orbitan siempre en torno a un esquema narrativo. No significa esto que tratemos de un relato tradicional, con su planteamiento, su nudo y su desenlace, sino de una ficción compleja tan creíble o increíble como la de cualquier buena novela –u obra de teatro– experimental y, como ellas, compuesta de los más diversos materiales y técnicas.

Serzo elabora personajes, y para ello traza una completa prosopografía –en este caso la de Joan Mateo, el albañil alquimista– que hilvana retratos, bocetos, la transcripción de notas personales, los diálogos en boca de personajes fantásticos… Como en El sueño del rey (de la República) y en otras obras, el protagonista es alguien que le busca un nuevo sentido a su vida. Ni el autor ni el espectador requieren para ello que el personaje complete una acción lineal: es mucho más efectiva la sugerencia de episodios aislados pero relacionados entre sí, los elementos metanarrativos, la creación de ambientes, las referencias científicas o técnicas…

En toda narración hay también un paisaje, físico o psicológico, y el artista se ocupa de aunar ambas vertientes, aprovechando los recovecos de la Zona Cero del Solleric para la instalación de toda una cueva/taller de alquimista muy particular a pleno rendimiento. Las referencias filosóficas, insertas en un discurso de extrema naturalidad, dotan de cemento a su oferta. Es difícil sustraerse a la sensación de estar dentro de algo muy vivo cuando la visita evoluciona en medio de máquinas, enseres decorativos y trebejos semiindustriales, dibujos a lápiz, esculturas, objetos encontrados, la maqueta artesanal de la cubierta de un libro…

Es destacable el aspecto solo aparentemente inacabado de parte de la producción: bosquejos, esquemas, planos y anotaciones forman parte de ese work in progress en que consiste la obra de Serzo. La representación del propio proceso creativo, sus planteamientos, las notas técnicas y mnemotécnicas, la reflexión sobre el mismo concepto de la obra, la reflexión plástica: todo forma parte de su discurso, denotando la importancia del trabajo que yace detrás (o dentro) de toda obra: la documentación, el ensayo, la prueba, el fallo y el acierto… Al mismo tiempo, impregnan la obra de la máxima credibilidad: en El iniciado podemos reconocer al artista trabajando sobre la marcha, puliendo cada detalle de una obra que, en realidad, es un mundo cuyos límites están por descubrir y que nos envuelve sin remedio. El Mundo-El Día de Baleares.

26 septiembre 2016

La nueva Nit

El nuevo formato y calendario de la Nit de l’Art, inaugurado el año pasado, se ha afianzado en 2016. Todos los sectores implicados se muestran satisfechos. “Cuando el día grande era los jueves”, comenta el galerista Fran Reus –que, por cierto, se encuentra estos días en Madrid, promocionando en Estampa, con éxito en certámenes, sus nuevas firmas–, “se producía un gran atasco entre las 9 y las 11 de la noche, con todo el mundo afluyendo a las mismas horas a las galerías. El agobio generalizado hacía que los aficionados al arte se vieran obligados a elegir entre la oferta, a luchar contra la multitud y, en muchos casos, llegaran a rehuir la fecha. Con el nuevo formato, dedicando el jueves y el viernes a los profesionales y el sábado al público, hemos disfrutado de esa afluencia escalonadamente, entre las seis y las doce de la noche. De hecho hemos podido distinguir sucesivamente el predominio de las familias y el de los más trasnochadores”.

La programación de una mesa redonda con expertos invitados (el jueves) y de visitas guiadas para profesionales del arte (el viernes) ha permitido a los galeristas hacer su trabajo con coleccionistas, críticos y comisarios ordenadamente y “eludiendo la insularidad”. El conocimiento y el establecimiento de lazos entre los profesionales de los distintos sectores del arte con motivo de un evento conocido en toda España, pero hasta ahora poco atendido desde la Península, permite el intercambio de ideas y la confluencia de esfuerzos –eso que ahora se llama sinergia, es decir, la colaboración entre todos los individuos e instituciones interesadas. Y los beneficios de la Nit de l’Art perduran entre los mallorquines gracias al éxito de los recorridos guiados, que siguen celebrándose durante todo septiembre. Cierro el comentario con las primeras palabras que Reus pronuncia decididamente al pedirle un balance: “Muy positivo”. El Mundo-El Día de Baleares.

19 septiembre 2016

Felicidades

De la visita guiada del viernes para profesionales hay que destacar algunas cosas. Lo primero, que está muy solicitada: el éxito del Art Palma Summer y el de esta Nit de l’Art hacen prever un progresivo crecimiento de la demanda de este magnífico servicio. Cuatro grupos esta vez, uno por cada idioma. Entre los usuarios, algunos que repetían con respecto al verano. También algunos –y relevantes– nuevos usuarios: comisarios como Dieter Ronte, el nuevo director del Solleric, Fernando Gómez de la Cuesta, el concejal de Cultura de Palma. Implicación de los artistas y de los galeristas. Un exitazo de Art Palma y del sello que ejecuta estas visitas guiadas, Introart.

Muy bien también –fantástico– Daniel Verbis en Maior por su destreza técnica: un artista muy contemporáneo de sólida formación clásica, que consigue apariencias orgánicas vivas y asombrosos efectos de claroscuro mediante la aplicación del compresor, y una exposición que quiero volver a ver. Interesante también Marcelo Víquez en Kewenig, así como la performance de Joan Morey en L21. Otras exposiciones, no tanto; alguna, una tomadura de pelo. El nivel medio, aceptable, con picos como el de Verbis o Laguens.

Porque cuando uno sabe, las artimañas sobran. Aba Art –encomiable siempre su profesionalidad– trabaja con artistas que sienten un enorme respeto por la materia. Es el caso de Mercedes Laguens, que juega con conceptos poéticos y sociales (hasta políticos, si me apuran) a través de la mera sugerencia. La coherencia de su discurso y su versatilidad hacen inviable una visita rápida. Su conversación la alarga irremediablemente. Estamos de acuerdo en casi todo. Perdemos de vista a la guía, pero vale la pena. Y, el sábado, inauguraciones y el espectáculo social. Completada la Nit de l’Art con una mesa redonda sobre coleccionismo, el jueves en La Misericordia, creo que tenemos que felicitarnos por un brillante vigésimo aniversario. Molts d’anys! El Mundo-El Día de Baleares.

12 septiembre 2016

Joan Costa

Es difícil encontrar un creador que reúna en su obra de forma tan acabada la combinación perfecta de apego al barro y discreta espiritualidad. Es el caso de Joan Costa, cuya obra hemos vuelto a admirar en Palma con motivo de uno de los project rooms más recientes de Aba Art Lab. Costa domina el misterio de la materia: del mármol al hierro fundido, pasando por la pasta de celulosa, la resina o el alabastro, del acrílico a la tinta y a los pigmentos térreos, conoce y emplea los materiales con respeto de artesano y acierto de artista. Pero, al mismo tiempo, o precisamente debido a ello, cada pieza que sale de sus manos alienta con la aspiración de trascender la mera belleza de la materia dominada y elevar el pensamiento. El magnífico monumento al maestro Eak Tai Ahn (The Shadows of Sound), que los palmesanos contemplan cada día en el Borne, es solo una muestra. Además del interesante Thinking Water, correspondiente al mencionado proyecto de las hermanas Bordoy, para un vistazo general y muy documentado de esta poesía matérica de Costa –aparte constituir una estimable antología literaria– es imprescindible el catálogo que publicó en 2008 el Govern con motivo de su exposición itinerante Ondulacions de la Mediterrània. El Mundo-El Día de Baleares.

Acción e inacción

No solamente los artistas. Estaba pensando en pesos pesados como la austríaca Eva Choung-Fux, que acaba de terminar un nuevo ciclo de su pintura escritural, el serbio Velcha Vélchev, el sirio Jorge Azri o el argentino Horacio Sapere, que se afincaron en unas islas que les prestaban el sol mediterráneo y una atmósfera cultural, en su momento, privilegiada). También los galeristas y, cómo no, los coleccionistas: Mallorca atrae a personas relacionadas con el mundo y el mercado del arte procedentes de todo el mundo. Y lo hace porque, afortunadamente, existe la iniciativa privada.

Como al principio del verano, con motivo del Art Palma Summer, esta semana, en vísperas de la tradicional Nit del Art, los galeristas se han puesto de acuerdo para convocar a periodistas especializados, estudiosos y coleccionistas del arte y programar un recorrido guiado en varios idiomas. La edición veraniega de esta visita fue magnífica. De ella surgieron estupendos contactos; conversé con coleccionistas nacionales y extranjeros que estaban felices con la experiencia y que, una vez conocida la oferta, se disponían a seleccionar al día siguiente sus propias rutas con más calma. Artistas y galeristas se beneficiaron así de una iniciativa colectiva bien concebida, bien ejecutada –con pocos puntos mejorables– y basada en el más elemental sentido común.

En un momento en que la gestión cultural pública balear se encuentra sumida en un penoso marasmo, y a la espera de que maduren los primeros frutos del cambio de dirección en la Fundación Palma Espais d’Art, esta iniciativa de Art Palma permite a los galeristas privados seguir manteniéndose a la vanguardia de una política cultural que es de todos. Y no es que toda la oferta se salve: también hay quien abusa de la flexibilidad del canon contemporáneo. Pero solo a través de eventos como este, y no mediante la inacción, será posible depurar esa oferta. El Mundo-El Día de Baleares.

05 septiembre 2016

Joyas bereberes

El embajador Jorge Dezcallar, cuya profesión lo llevó de Rabat al Vaticano y de aquí a Washington, pasando por la dirección del CNI, descansa los veranos en su Valldemossa. Y es aquí donde se entusiasma enseñando su magnífica colección de joyas bereberes, silenciosamente custodiada en la Fundación Coll Bardolet desde 2007 con el apoyo del Govern y del ayuntamiento local. Y digo silenciosamente porque es difícil para el residente o para el turista enterarse de que esta maravilla se encuentra expuesta aquí.

Sería deplorable que la escasísima atención de las autoridades hacia una colección de arte norteafricano que rivaliza con las mejores del mundo ocasionara su fuga hacia entornos más favorables para la cultura. Incluso el catálogo, Joyas bereberes, fue editado en 2009 sin apoyo institucional alguno. Describe en torno a 260 piezas de orfebrería antigua: fíbulas, ajorcas, amuletos, collares, diademas… Un tesoro etnográfico que envidiaría cualquier capital europea.

La relación histórica del mundo bereber con las Baleares y con España en general, la propia filiación mallorquina del coleccionista, el incalculable valor de la colección y el sentido común más elemental señalan a nuestros gestores la obligación de procurar que esa colección se convierta ya, permanentemente, en patrimonio cultural de los mallorquines y reclamo turístico de primer orden. Lo contrario sería ineptitud o mezquindad. El Mundo-El Día de Baleares.


25 julio 2016

Un auténtico tormento

EXPOSICIÓN FALLIDA EN TORNO A LAS COLECCIONES MALLORQUINAS DE ARTE LATINOAMERICANO

El tormento y el éxtasis. Museo Es Baluard - Hasta el 2 de octubre de 2016

La exposición de arte latinoamericano que ofrece actualmente Es Baluard es muy interesante. Y lo es porque una parte de los artistas seleccionados tienen gran interés; y lo es pese a la propia concepción de la muestra, que el visitante no podrá abordar como otra cosa que una mera sucesión de obras sin orden ni concierto.

Son de gran interés, por ejemplo, las fotografías de Ángela Bonadies, a quien ya hemos dedicado líneas en el pasado. Sus paradójicos paisajes urbanos nunca dejan de sorprender ni de señalar conflictos presentes o futuros. Lo es también el inquietante vídeo de Regina José Galindo, una figura principal del body art que una vez más se presenta en denuncia de la opresión sufrida por la mujer latinoamericana, y guatemalteca en particular. O los magníficos grafitos sobre papel encerado de la siempre magnífica Sandra Vásquez de la Horra, vieja conocida del público mallorquín. Y hay más.

El interés de las obras sale a flote pese a lo confuso de la exposición. La comisaria ha afirmado lo siguiente: “Obviando cualquier referencia a construcciones culturales preconcebidas y estereotipos, propongo una lectura abierta basada en un escaneo de puntos de vistas, de huellas que permitan trazar un camino abierto al debate y a la construcción permanente.” Lo cual, en cristiano, significa: “No tengo hilo conductor ni propuesta seria alguna que hacer en cuanto a la selección de obras que les presento, así que digo que la lectura queda abierta y me quedo tan ancha”.

Por último, el caótico montaje da toda la sensación de que la responsable jamás pensó en el espectador cuando decidió añadir una línea a su currículum. ¿Acaso Es Baluard no tiene recursos suficientes para redactar, imprimir y colocar unas cartelas adecuadas, para dirigir de alguna forma inteligible el sentido de la visita, para suavizar el horrendo impacto visual del material contraincendios, que interactúa con las obras como si de una instalación más se tratase…? Continúa Aramburu: “La distribución de las piezas seleccionadas en la sala de exposición se ha concretado en cuatro apartados simbólicos bajo la denominación de: conflicto, ideología, belleza y pasión con objeto de sistematizar y procurar el análisis de las memorias, personales y colectivas, y permitir así mismo una aproximación en primera instancia cercana a la complejidad de estas situaciones y constructos.” Traducimos una vez más: “Utilizaremos cuatro conceptos básicos e intercambiables en los que todo cabe y que, por tanto, a nada comprometen, para simular una división temática que nada aporta que sea de interés ni para el estudioso ni para el aficionado, pero que me permita cubrir este expediente”. Humo.

Pocas veces he sufrido una exposición menos informativa, menos didáctica ni más de espaldas a la sociedad. Ni los artistas, ni el público, ni el contribuyente se merecen este trato. El Mundo-El Día de Baleares.

Fotograma de Regina José Galindo, Mientras, ellos siguen libres, vídeo, 2007.

18 julio 2016

Huellas del hombre

Hablando del primer Joan Bennàssar (Pollensa, 1950), Pilar Ribal escribió hace ya muchos años acerca de “la conciencia de pertenecer a una tradición, a una civilización antigua y sabia”. La obra del pollensín, a través de sus sucesivas etapas y de las más diversas influencias, ha conservado siempre un aire primitivista y mediterráneo que la hace bien reconocible.

Se acaba de cerrar la exposición Prints en la sala de arte de Rialto Living, en la calle San Felio. En ella Bennàssar ha ofrecido una variada selección de su obra gráfica centrada en la figura humana. Rostros de aire grecorromano, concentrados en alguna reflexión que mantiene la mirada baja y digna; motivos decorativos naturales; a veces, cierto aire neolítico; otras, reflejos cromáticos y texturas de la cerámica griega o del fresco pompeyano; casi siempre una serenidad que recuerda la época en que el arte no dejaba testimonio de las personas, sino de los arquetipos. Por su calidad técnica y por su carga de verdad, los grabados de Bennàssar alcanzan una cima difícil de superar en el arte del grabado.

Y también la escultura ha estado representada en la selección, a través de milagrosas figuras en hierro de aperos reciclados y en bronces forzados en una original pátina de áspera y hermosa rotundidad. El Mundo-El Día de Baleares.

Joan Bennàssar, Flor d'ametller I

11 julio 2016

Mallorca idealizada

Tomeu Canyellas es un valor joven pero muy sólido de la fotografía de Baleares, tanto en el terreno comercial como en el editorial o en el artístico. Su trayectoria ha sido reconocida en los ámbitos local, nacional e internacional, destacando sendas menciones honoríficas en el Prix de la Photographie de Paris (Px3, 2015) y en los International Photography Awards de Los Ángeles (IPA, 2014). Con la serie que titula The Fine Art Mallorca Collection nos regala algunas de las mejores imágenes en que hoy se podría condensar la identidad de nuestra isla; actualmente expone una selección en el Castillo Hotel Son Vida.

Canyellas no elude cierto aliento romántico: la Mallorca que nos muestra es una Mallorca intacta, perfecta, añorable. Exposiciones prolongadas le permiten infundir sus paisajes de una atmósfera viva por la que el tiempo (las olas, la bruma, las nubes en movimiento) se manifiesta lenta y cariñosamente. Cuando el hombre aparece en sus imágenes, se trata de un hombre diminuto, apenas más que su propia y modesta huella integrada en el paisaje. No hay conflicto. Se respira paz. A veces, se adivina una historia. La ejecución material de las piezas (revelado lambda, montaje sobre dibond, capa de plexiglás ultratransparente) consigue unos magníficos efectos de contraste. Calidad máxima. El Mundo-El Día de Baleares.

Tomeu Canyellas, Port des Canonge at sunset #1

27 junio 2016

Un teatro de la vida en blanco y negro

EDGAR HERBST MUESTRA EN KEWENIG SU OBRA FOTOGRÁFICA, DEL FRÁNCFORT DE LOS 80 AL BERLÍN DE 2016

Edgar Herbst. Für Edgar - Kewenig (Oratorio de San Felio), hasta el 10 de septiembre de 2016.

El aspecto demacrado de Edgar Herbst (Bad Lauterberg im Harz, 1961) lo delata: este hombre probablemente lo ha visto todo. Para nuestra fortuna, ya que sus fotografías contienen un complejo teatro de la vida y un sorprendente elenco de personajes solitarios que requieren nuestra atención, eficaz y desesperadamente, desde su escenario.

Herbst tiene una vertiente comercial o institucional conocida, por ejemplo, por su trabajo en la estación de metro de la Hohenzollernplatz de Berlín, la instalación Burg Hohenzollern: 34 grandes formatos con diversas vistas de aquel castillo y localidad cuna de la dinastía real de Prusia e imperial de Alemania, cofinanciada por la empresa municipal de transportes y por el príncipe Jorge de Prusia. Su agudeza y su capacidad de retratar la fauna nocturna del Fráncfort de los 80 desde ángulos imprevisibles le habían ganado un lugar entre los paparazzi de moda; en los 90 trabajó para medios como Stern, Gala, Spiegel, Max, Dummy, Vogue, Das Magazin y otros en toda Europa. Desde 2001, retirado de la fotografía alimenticia, reside en Berlín y busca otros ángulos.

Aunque incurra también en la experimentación, lo que más me impresiona del trabajo de Herbst es la relación que establece con sus personajes. Porque, más que retratos, sus fotos son brevísimas obras de teatro, escenas condensadas en un momento en el que la mirada y los gestos del retratado quieren contar su historia, o en el que la composición y los movimientos en el seno de un grupo sugieren sin querer toda una coreografía y una distribución de papeles de las que seguramente los participantes no son conscientes. En este contexto eminentemente teatral, lo grotesco surge con naturalidad: la habilidad de Herbst no estriba en una perspectiva satírica, sino en su capacidad de captar el momento en que cada cual se convierte en caricatura o resumen de sí mismo. Esta habilidad no es casual, sino fruto de un interés explícito del autor por ver en el otro; “veo lo que veo”, tituló su exposición de 2007. Otras veces no es lo cómico, sino el drama larvado, la tensión, la incomunicación, quizás el vacío existencial, lo que asoma en los ojos de los fotografiados. Herbst, maestro consumado de la disposición, se apropia de los contrastes, reconoce los límites y obtiene la confianza de unos seres aparentemente desarraigados que parecen gritar su soledad, a veces paradójica, a través de su cámara analógica. El Mundo-El Día de Baleares.

Edgar Herbst, Aussen VI (Reykjavik), 2011

20 junio 2016

Art Palma Summer

Art Palma organizó hace dos jueves un recorrido guiado o visita profesional por las galerías de arte de Palma. De hecho, dos recorridos: uno en inglés que partió de Pelaires y otro en español que se inició en L21. La iniciativa sirvió para alcanzar varios objetivos: concentrar esfuerzos económicos, convocar a críticos de dentro y de fuera, atraer a coleccionistas y ponerlos en contacto directo con artistas y galeristas, generar un evento que acerque el arte y su gestión a la ciudadanía…

De la fotografía-denuncia de Eulalia Valldosera a los paisajes de Nicholas Woods; de los juegos performativos de Damià Vives al impresionante, abrumador dominio de la materia de Joan Costa; de las delicadas mariposas de Limoges de Kira Ball a las contundentes geometrías imposibles de Ñaco Fabré, pasando por mi particular descubrimiento de la noche, el fotógrafo Edgar Herbst... La variedad de la oferta y el dinamismo del sector privado, aun habiendo aspectos organizativos mejorables, contrastan con la respuesta nula por parte de los responsables públicos de cultura, a los que ni las elecciones animan a compartir esfuerzos ni cortesía con sus administrados. Existe alguna excepción notable como la del alcalde Hila, a quien no es difícil encontrar en eventos artísticos, al menos, de visita. Pero sólo una empresa privada ha considerado la conveniencia de patrocinar el Art Palma Summer. ¡Tal vez sea mejor así!

La calidad de las obras expuestas es también variada, como resulta inevitable. Pero no parece inoportuno recordar que, junto a la oferta museística y las exposiciones de carácter institucional, que están reservadas a lo consagrado o a lo ya conocido, las propuestas de las galerías muestran el pulso vivo del arte contemporáneo de hoy: sus luces y sus sombras, sus aspectos mercantiles, sociales y creativos, su inevitable porcentaje de timo a mansalva y, también, su semilla de futuro. El Mundo-El Día de Baleares.

13 junio 2016

Las ruinas de Palmira

Jason Martin (Jersey, 1970) expone en Pelaires. En la pintura escultórica de este autor británico es esencial un concienzudo trabajo gestual –referentes como Pollock resultan evidentes, y su adscripción al expresionismo abstracto explícita–, pero son igualmente relevantes el color y la textura. Arte por el arte, la meritoria obra de Martin no requiere títulos, pero el autor prefiere adjudicarlos a través de referencias culturales que estimulen al espectador a establecer relaciones (“his titles flirt with association”, ha escrito alguien a propósito). En este caso, llama la atención la posible liaison de dos piezas tituladas Zenobia y Palmira. La apariencia textil y el color púrpura de la primera pueden remitir al manto de la realeza, y los vestigios dorados que atraviesan la profunda oscuridad del segundo parecen referirse al lujo asiático perdido de aquella antigua metrópoli siria en la que imperó Zenobia allá por el siglo III, cuyas ruinas recientemente han sido, además, objeto de saqueo y destrucción. Una referencia útil y digna de alguna reflexión, pero tal vez ajena a una exposición algunos de cuyos títulos fueron cambiados a última hora, revisando títulos de fases anteriores en que Martin trabajó en contacto con la obra de Herman Melville. Una concesión seguramente innecesaria al mundo de lo referencial. El Mundo-El Día de Baleares.


23 mayo 2016

De ‘El Víbora’ a ‘Las serpientes ciegas’

UN COMPLETO RECORRIDO POR LA CARRERA DE BARTOLOMÉ SEGUÍ 

Interseccions. Il•lustracions i historietes de Bartolomé Seguí - Casal Solleric. Hasta el 22 de mayo de 2016

Se acaba de cerrar en el Solleric la exposición Interseccions, pero justo antes, coincidiendo con la última visita de la exposición guiada por el mismo autor y por el comisario Juan Roig, fue presentado el estupendo catálogo trilingüe que viene a ser resumen de la carrera de Seguí (Palma, 1962). Contiene una completa documentación gráfica, sendos textos breves de Gabi Beltrán y Felipe Hernández Cava y una monografía firmada por el propio Roig con abundante material autobiográfico para la reconstrucción de la trayectoria vital y artística del dibujante.

Seguí acompaña a diario a los palmesanos: conocemos las afiladas tiras cómicas que, con guión de Ferrán Aguiló, publica cotidianamente en Última Hora desde 2006, bajo el pseudónimo de Tueldús. Más allá de su sesgo político, el trazo de las caricaturas de Seguí enamora por su rigor, su limpieza y su memorabilidad. Pero su amplia carrera se remonta a los 80, en la Barcelona entonces cosmopolita y creativa, meca de cualquier joven que pretendiera dedicarse al cómic. Esta fue siempre la intención de Seguí y, desde sus primeros tiempos, la calidad de su trabajo y su insistencia le consiguieron un lugar en prácticamente todas las publicaciones del género de aquella época: Madriz, Cairo, El Víbora, El Jueves… Seguí simultaneó un estilo pictórico y expresionista, fruto de sus estudios de arte y de la moda de los 80, con los desarrollos cada vez más narrativos que le pedía su temperamento. Llegó el momento en que el cómic perdió su lugar en la prensa y las revistas especializadas fueron reduciendo su presencia, y Seguí se recicló principalmente en ilustrador, trabajando para medios como El País, guías de ocio, colecciones literarias como El Barco de Vapor y numerosos libros de texto. Desde 1995 vuelve a residir en Mallorca.

En los años 2000 su carrera da un salto cualitativo pivotando sobre dos elementos claves: su asociación con guionistas sobresalientes y su definitiva adopción del acabado a lápiz y el color digital, que presta a sus dibujos un cromatismo cálido, libre de estridencias y muy personal. De estos cambios fundamentales surge el álbum Las serpientes ciegas (2008), con el que Hernández Cava y Seguí aspiran al mercado europeo, cosa que logran (se publica en Dargaud), y por el que reciben en 2009 el Premio Nacional de Cómic. Desde entonces, Seguí ha seguido publicando tebeos al europeo modo; pero sería injusto no mencionar sus magníficas Historias del barrio, basadas en los relatos de Gabi Beltrán sobre la Palma de los 80, con las que juntos ganan en 2010 el Premio Ciudad de Palma de Cómic. El Mundo-El Día de Baleares.

Bartolomé Seguí, ilustración para el libro Mi primera historia de España ilustrada,
Editorial Molino, 2009; lápiz y color digital.

Conexiones


En octubre cumplía 80 años Eva Choung-Fux, la artista austríaca de Campos, y lo celebraba en Can Prunera de Sóller inaugurando una exposición magnífica –me atrevo a calificarla de histórica– titulada Desprès de la fi del món, destinada después a recorrer Europa y tal vez Oriente. Hoy, y hasta mediados de junio, esa exposición se puede visitar en el MUSA de su Viena natal bajo el título Nach dem Ende der Welt. Eine Retrospektive.

Catálogo aparte, con motivo de estos eventos la prestigiosa editorial De Gruyter y el Ayuntamiento de Viena publicaron una abrumadora monografía ilustrada bilingüe (en alemán e inglés) de 500 lujosas páginas, titulada Eva Choung-Fux: Continuing Connections, bajo la dirección de Elma Choung, Berthold Ecker y Dieter Ronte. Además del que suscribe, aportan sus textos los mejores expertos en la vida y obra de una de las figuras centrales del arte europeo de las últimas décadas, una artista polifacética, profundamente comprometida con el aspecto social de nuestra historia –y de nuestra intrahistoria–, enamorada del mar y la naturaleza y dotada de una asombrosa sensibilidad poética, que le permite tender con sencillez sólo aparente lazos entre su obra y la literatura de sus autores favoritos. Continuing Connections es ahora la gran, imprescindible referencia para conocer la obra de Eva. El Mundo-El Día de Baleares.

Eva Choung-Fux, Continuing Connections, ed. de Elma Choung, Berthold Ecker y Dieter Ronte,
Viena: Kulturabteilung der Stadt Wien (MA 7), y Berlín/Boston: De Gruyter, 2015.

El peso de la luz

Son ya tres las exposiciones que ha inaugurado Xavier Fiol en su espacio en la capital, Madrid XF Proyectos: Herbert Hamak, Santiago Villanueva y, ahora, hasta el 17 de julio, Pep Llambías. Si el primero investigaba sobre las condiciones físicas y estéticas del color y el madrileño afincado en Palma reflexionaba poéticamente, como suele hacer, sobre el tiempo que “no pasa, sólo se extiende”, el de Alaró opta también por la reflexión cronológica, pero concentrada en la acumulación –a duras penas ordenada– de signos, ideas y experiencias que acarrean obligatoriamente el transcurrir del tiempo y la limitación del espacio para contenerlas. Todo ello existe al abrigo de esos luminosos tan característicos que parecen señalar los resquicios por los que escapar de aquella constricción vital e iluminan simbólicamente la cara oculta de los objetos. Y entre la oveja de la inocencia instalada en la A y el cocodrilo de la experiencia que ruge sobre la Z se extienden, iluminados sólo desde el suelo, todos los signos que nos dicen y nos conforman.

 El local madrileño de Fiol, gestionado por la diligente Luz Villalonga, exige proyectos site-specific que aprovechen las características de la peculiar planta. Y así, la instalación de Llambías, titulada El peso de la luz, se adapta como un guante a un espacio –cuyas líneas maestras aprovecha y casi reproduce– que parece diseñado para sacar partido de la concentración del pensamiento creador, para poner de manifiesto las contradicciones y en tela de juicio todo lo que de superfluo apreciamos a veces en el arte contemporáneo, que es mucho –a veces, carreras enteras... Descartada toda redundancia, la obra desnuda de un artista mallorquín encuentra acomodo natural en un rincón de la madrileña calle Mallorca que, pocos meses después de su apertura, parece mostrar ya entidad de referencia cultural para insulares y para no insulares. El Mundo-El Día de Baleares.

16 mayo 2016

El fuego sólo deja cenizas

UNA ESPLÉNDIDA REFLEXIÓN SOBRE EL TRAYECTO VITAL DEL HOMBRE

Guillem Nadal. La mirada del foc - Casal Solleric. Hasta el 28 de agosto de 2016

La obra de Guillem Nadal (Sant Llorenç des Cardassar, 1957) está profundamente relacionada con la naturaleza. No sólo por su carácter eminentemente matérico, sino sobre todo porque los elementos que de ella recoge se avienen perfectamente con una concepción cíclica y material de la existencia. En La mirada del foc, Nadal ha trazado un recorrido circular por la planta noble del Solleric que es, al mismo tiempo, una densa reflexión sobre el recorrido vital y sus contradicciones.

En la serie Caos (2012) encontramos ese patrón circular a base de elementos bordados carentes de orden aparente, pero llenos de dinamismo y organicidad. Es propio de este artista un gesto potente, de gran eficacia dispositiva, y en este caso las sugerencias orgánicas están a medio camino entre lo vegetal y lo animal, pero en cualquier caso insertas en el plano del telurismo. La instalación Illes del sol (1996-2015) despliega una serie de afortunados e inquietantes homúnculos vegetales, esas polisémicas figurillas con busto humano y peana de ramas invertidas. Próximos pero lejanos entre sí, aislados, parecen paralizados en medio de una estéril carrera de sus pies-raíces, proyectando dos sombras: la que fue en algún momento y nunca más será, pintada en el suelo pero muerta; y la que es consecuencia de su actual iluminación, viva pero igualmente inmóvil. Los rudimentarios bustos sin brazos remiten irremediablemente a la decadencia del arte clásico –a la imperfección sobrevenida.

En las series Miralls y Miralls de foc (2015-2016) el fuego alcanza el protagonismo como material pictórico (las quemaduras del papel en sus diversos grados), como símbolo de caducidad y también de energía creadora y, por tanto, de la ciclicidad de la vida… Diversos materiales reciben y apenas pueden ocultar la acción a la vez destructiva y constructiva del fuego sobre las representaciones de calaveras. El mismo concepto, no exento de raíces barrocas, fundamenta La mirada del foc (1998), una espléndida metáfora de lo que somos y lo que creemos ser, explicación meridiana de los procesos perceptivos que a menudo nos ocultan la decrepitud y la inanidad de lo que tomamos por libertad. En esa línea, brillante y devastadora, se aloja también Paisatge de la memòria (1994-2015), una instalación conceptista en su aparente minimalismo, repleta de reflexión en torno ahora ya no a la percepción, sino a la memoria como elemento constitutivo de la personalidad: de nuevo la calavera, de nuevo la ceniza. No se sale indemne de tanta y tan reveladora sinceridad; Guillem Nadal nos debe una reparación. El Mundo-El Día de Baleares.


















Del otro lado del océano

Allá en su rinconcito del Raiguer, la ya veterana Galería Addaya atraviesa un momento de renovación. Apurados sus doce primeros años de experimentación y aprendizaje, y sin abandonar a los buenos artistas ya consolidados, una parte importante del trabajo de Tomeu Simonet se endereza hoy a la promoción de autores latinoamericanos con cierto contenido social y enfoque multidisciplinar. Un ejemplo magnífico es la venezolana Ángela Bonadies, a quien representa y de la que muestra una selección de fotografías (en su galería) y un videomontaje de las mismas (en Pelaires, Palma) procedentes de un proyecto a dúo con su compatriota Juan José Olavarría, La Torre de David; trabajo interesantísimo al que dedicamos una reseña hace un par de semanas. Pero con Bonadies participan también en la colectiva Quemar las naves, abierta hasta el 28 de mayo, los cubanos Celia González Álvarez y Yunior Aguiar Perdomo y el mexicano Miguel Rodríguez Sepúlveda con sus inquietantes cenizas humanas. Se trata de una iniciativa muy significativa para los que contemplamos el otro lado del Océano como parte necesaria de nuestro mundo.

Dentro del meritorio programa de residencias que lleva a cabo Addaya (están recientes las presencias de Tamara Arroyo y la japonesa Mari Ota), en este momento se aloja en Alaró la también venezolana Ana Alenso (Caracas, 1982), cuyo trabajo con objetos encontrados se centra actualmente en poner de manifiesto “el vértigo de la dependencia del petróleo”, en palabras de Carmen Victoria Méndez, y sus implicaciones éticas y económicas, y que ha encontrado en el centro de reciclaje de Alaró abundante combustible para su creatividad. Alenso, residente en Berlín, protagonizó el año pasado en la capital alemana la exhibición Tropical Curse, en la que desarrollaba la misma línea de investigación a través de objetos encontrados, vídeo y todo un programa de actividades públicas (conferencias, mesas redondas, proyecciones) en torno a la industria de los hidrocarburos. El Mundo-El Día de Baleares.

02 mayo 2016

Permanencia en la ruina

UNA MUESTRA DEL IMPRESIONANTE PROYECTO MULTIDISCIPLINAR DE ÁNGELA BONADIES Y JUAN JOSÉ OLAVARRÍA

Ángela Bonadies y Juan José Olavarría. La Torre de David / El elefante blanco - Addaya Centre d’Art Contemporani en Centro Pelaires. Hasta el 7 de mayo de 2016

“Las cosas han de estar a medio hacer mientras se están haciendo”, escribió el maestro de Bolívar, Simón Rodríguez. “Mientras se están haciendo” como rasgo distintivo, pero también como límite: lo característico de las cosas cumplidas es que ya no están a medio hacer; de lo contrario caen en el “eterno inacabado”. Así lo recuerda el texto de Ángela Bonadies que acompaña el vídeo El elefante blanco, un impresionante montaje de imágenes pertenecientes al proyecto multidisciplinar La Torre de David (Caracas, 2010-2014), que firma junto con Juan José Olavarría. Ambos son artistas venezolanos de relieve mundial y –aún por unos días– llenan de voces, presencias y reflexión un pequeño rincón del Centro Pelaires.

La afilada precisión de sus cámaras y un discurso repleto de poesía y compromiso desprejuiciado con la realidad reinterpretan el complejo urbano inconcluso en un sentido social, histórico y antropológico. Bastan dos ojos y haber leído un par de diarios para reconocer como fracaso el proyecto del Centro Financiero Confinanzas, una quimera del magnate venezolano David Brillembourg que acabó en quiebra, abandono, saqueo y formación de una gigantesca comunidad okupa. Lo que aportan Bonadies y Olavarría es una sutil pero férrea reflexión que convierte esta nueva Torre de David en antonomasia del fracaso nacional y continental. En el texto de Bonadies, la Torre es una estructura orgánica y herida, que representa en sí misma al mismo tiempo la postración política, siglos de provisionalidad derivados del fracaso en la fragua de las naciones latinoamericanas; la deshumanización de la ciudad y la humanidad de los deshumanizados; la desigualdad económica, la marginación, la ilegalidad, la reorganización de los desahuciados al margen de la organización; la ley inoperante frente a la ley fáctica, el repleto vacío del estado de derecho. También, desde una perspectiva artística, la confrontación entre abstracción y figurativismo que parece emanar naturalmente de los organismos vivos.

La Torre es el “eterno inacabado” de Rodríguez: símbolo de todo fracaso colectivo, universo estético y social autorreferencial que en su ámbito sustituye al Estado y sus tentáculos. Su desalojo gradual en 2014-2015, el traslado de las más de mil familias que allí habían asentado residencia y negocios y los inviables proyectos de rehabilitación por parte de un estado arruinado no hacen otra cosa que confirmar el proceso de iconización, la inserción en la intrahistoria de los venezolanos y, por tanto, la profunda relevancia de este contemporáneo palacio de Diocleciano de hormigón, merengue y rezos evangélicos. El Mundo-El Día de Baleares.

18 abril 2016

Chasing Morphos

Los nativos de la Amazonía peruana creen que las mariposas Morpho son reencarnación de espíritus malignos que, con su vuelo encantador, confunden al viajero hasta hacerle perderse para siempre en la selva.

El trabajo de Kira Ball (Sóller, 1976) combina pequeñas y delicadas esculturas de porcelana de Limoges con materiales procedentes de la naturaleza (madera, piedra) o la artesanía, y el uso de la luz, la sombra y las transparencias como factores esenciales en la definición del espacio. La instalación que actualmente presenta en Palma, Chasing Morphos, sorprende por su eficacia.

A partir de piezas modestas, aparentemente llamadas a no despertar la atención, y materiales caracterizados por su dureza e inflexibilidad, consigue afinar todo un concierto de resonancias paradójicamente orgánicas, temblores y aleteos que encierran viento, agua, latido: vida. Las esquemáticas mariposas de finísima porcelana parecen batir las alas, aunque de cerca revelen su esencia rudimentaria, el estadio de construcción permanente –de persecución de la forma– en que se encuentra por definición la obra de arte, que también nos encanta y nos confunde.

Estos insectos podrían poblar los bosques del departamento de Loreto o, cualquiera de estos veranos, amanecer posadas en la corteza de los árboles del Valle de las Mariposas en Rodas… Pero los podéis admirar en La Caja Blanca. El Mundo-El Día de Baleares.

Kira Ball, Chasing Morphos, instalación. Porcelana de Limoges y objetos encontrados.

11 abril 2016

Tierras baldías

LA MIRADA DE DIEZ MUJERES ARTISTAS MUESTRA UNA CARA SOSPECHADA PERO NO SIEMPRE DIVULGADA DEL MUNDO ISLÁMICO

Waste Lands - Es Baluard. Hasta el 19 de junio de 2016

Era una exposición necesaria. Aunque el montaje presente algunas deficiencias debidas probablemente a las limitaciones de la sala, Waste Lands supone un recorrido a medio camino entre lo documental y lo artístico por un mundo de sufrimiento que sólo vislumbramos a través de informaciones desarrolladas en escasos segundos, a veces sesgadas y rígidamente contextualizadas con las letras más gruesas del conflicto entre Occidente y Oriente. Lida Abdul (Kabul, 1973), Tamara Abdul Hadi (Abu Dhabi, 1980), Zoulikha Bouabdellah (Moscú, 1977), Amina Benbouchta (Casablanca, 1963), Gohar Dashti (Ahvaz, 1980), Rena Effendi (Baku, 1977), Yara El-Sherbini (Derby, 1978), Mariam Ghani (Nueva York, 1978), Kinda Hassan (Beirut, 1984) y Larissa Sansour (Jerusalén, 1973), artistas de orígenes, edades y formaciones diferentes, pero que comparten un muy alto grado de aculturación occidental, componen gracias al esfuerzo de la comisaria Piedad Solans un potente caleidoscopio con vistas al interior del mundo islámico, sobre soportes heterogéneos pero, principalmente, audiovisuales. El hecho de que se trate de diez visiones de mujer es decisivo: la muestra se basa en la sensibilidad, en la sabiduría y en el humanismo laico, mucho antes que en las ideologías, a la hora de traducir la realidad de la guerra, la contaminación, la especulación, el terrorismo, la servidumbre femenina o los conflictos religiosos, con una sobriedad y una discreción, en casi todos los casos, de tintes estoicos.

Dejando aparte bromas y trabajos manuales, que nunca faltan en una colectiva de arte contemporáneo, hay que destacar la enorme carga metafórica de las fotografías de la serie Stateless, de la iraní Dashti, verdaderas joyas plásticas con referencias al desarraigo y al extrañamiento e inteligentes alusiones irónicas al arte clásico; el aprovechamiento de un paisaje estático como elemento metafórico y su combinación con la presencia de personajes para crear un efecto dramático –incluso narrativo– es sencillamente magistral. Igualmente cargada de significado está su serie anterior, Slow Decay, que insiste en la confusión entre miseria física y moral y en la minuciosa teatralidad. Golpean con fuerza la conciencia los libros de fotografía de Effendi, sobre la intensa pero olvidada contaminación fruto de la explotación y transporte de los hidrocarburos; y el revelador vídeo de Hassan que, a propósito de un crimen terrorista en el Líbano, permite apreciar en toda su crudeza la deshumanización de una parte del periodismo del que depende nuestro conocimiento. El Mundo- El Día de Baleares.

Gohar Dashti, Stateless, serie de ocho fotografías, 2014-2015.

21 marzo 2016

¿Quién escapa?

CAIXAFÓRUM OFRECE UNA DENSA REFLEXIÓN SOBRE LA MELANCOLÍA COMO MAL ESPIRITUAL, ACTITUD FILOSÓFICA Y MOTIVO ARTÍSTICO

Tiempos de melancolía. Creación y desengaño en la España del siglo de oro - CaixaFórum. Marzo-junio de 2016

El recorrido por las plantas del Gran Hotel nos transporta a una era de claroscuros, a una España de grandezas y miserias que marcó el rumbo de la cultura occidental durante un siglo dorado. Un país y una sociedad cuyas contradicciones no podían dejar de tener reflejo en nuestro atormentado Barroco. Tiempos de melancolía es posiblemente, de las exposiciones temáticas que han visitado Palma, la que muestra un discurso mejor trabado y una virtualidad didáctica más intensa y veraz.

La muestra incluye pintura, escultura y grabado: obras firmadas por las grandes figuras del arte de la época (Durero, Berruguete, Brueghel, Velázquez, De Juanes, Cano, Rubens, Murillo, Ribera…) pero también libros, instrumentos musicales y otros objetos, todo ello encuadrado en un marco filosófico y científico sincrónico y diacrónico, con atención a sus implicaciones privadas y públicas y a los ecos que aún hoy sobreviven a ese contexto particular. La comisaria, María Bolaños, nos señala con eficacia docente la tristeza como posible rasgo propio de aquella nación española; su carácter de enfermedad pero, también, de síntoma de genialidad; sus manifestaciones religiosas, filosóficas, musicales y literarias; en definitiva, el alma torturada del Barroco.

En Tiempos de melancolía se reúnen un puñado de obras sobrecogedoras. No se repone uno fácilmente de la visión del cruel pero resignado Saturno devorando a un hijo (1636-1638) de Rubens. La admiración por Ribera se renueva ante la perspicacia y la empatía de sus retratos: el genio melancólico por excelencia, Heráclito (ha. 1630) o su hermosísimo San Jerónimo penitente (1634). El eremita y traductor es motivo recurrente en este período del arte, como vuelve a demostrar el alarde técnico de Alonso Cano en un barro cocido de 1637. Bellísima es la factura de una Santa María Egipcíaca (siglo XVIII) de Luis Salvador Carmona en madera policromada. Pero quizá la parte más inquietante de la exposición se encuentra en sus representaciones de niños junto a calaveras: un alabastro anónimo del siglo XVI, con un infante plácidamente dormido; y un grabado de Hendrik Goltzius de 1594, con un niño que juega a hacer burbujas de jabón y cuya leyenda nos interroga: “Quis euadet?”, arrojándonos la certeza de que la vida, ya desde su principio, está sujeta al mismo destino que esas pompas, efímeras e irrelevantes. El Mundo-El Día de Baleares.

Anónimo, Niño dormido sobre calavera, alabastro, siglo XVI