19 diciembre 2016

Tensiones no resueltas

“Por suerte, la cultura es un espacio de tensión y no un oasis de paz”. Me quedo con esta inteligente frase de Jordi Oliveras, que visitó no hace muchos días Palma para presentar el libro colectivo Cultura en tensió dentro del ciclo Emergències, que tiene lugar en Drac Màgic. Me recuerda aquello de que la democracia es esencialmente conflictiva, frente a las dictaduras, en las que reina la paz de los cementerios.

Oliveras rechaza el elitismo y la apropiación de la cultura por parte de instituciones, mercado y colectivos profesionales. “Se trata y se considera la cultura como una cosa que la gente no tenemos y deberíamos tener, o tener más”, ha dejado dicho en alguna entrevista, y no le falta razón. Sin embargo, su propuesta alternativa, lo que llama cooperativismo cultural, basándose en que todos, “por el hecho de vivir en sociedad, somos seres culturales”, adolece –creo– de una enorme ingenuidad. Es cierto: todos somos seres culturales desde el momento en que transformamos la naturaleza para nuestro consumo o nuestro ocio. Ese clan de chimpancés que, en la selva y sin intervención humana, ha aprendido a fabricar largas varas para pescar algas en el fondo del río, también dispone de una cultura incipiente. Sin embargo, y sin querer pecar de elitismo, no parece rechazable que las instituciones y el mercado regulen la excelencia: eso que damos en llamar arte, frente a la cultura de los antropólogos. A efectos de gestión, si todo es cultura, nada lo es; y después, claro, hablemos de buena o mala gestión.

A todo esto, una artista asistente a la presentación insistía en su máxima preocupación: “¿Cómo vamos a crear si no nos dan pasta?”… El debate que parece acuciarnos no es otro que el que quiere establecer el orden temporal de los actos de crear y vender. Poco que ver con el arte o la cultura. El Mundo-El Día de Baleares.