18 julio 2016

Huellas del hombre

Hablando del primer Joan Bennàssar (Pollensa, 1950), Pilar Ribal escribió hace ya muchos años acerca de “la conciencia de pertenecer a una tradición, a una civilización antigua y sabia”. La obra del pollensín, a través de sus sucesivas etapas y de las más diversas influencias, ha conservado siempre un aire primitivista y mediterráneo que la hace bien reconocible.

Se acaba de cerrar la exposición Prints en la sala de arte de Rialto Living, en la calle San Felio. En ella Bennàssar ha ofrecido una variada selección de su obra gráfica centrada en la figura humana. Rostros de aire grecorromano, concentrados en alguna reflexión que mantiene la mirada baja y digna; motivos decorativos naturales; a veces, cierto aire neolítico; otras, reflejos cromáticos y texturas de la cerámica griega o del fresco pompeyano; casi siempre una serenidad que recuerda la época en que el arte no dejaba testimonio de las personas, sino de los arquetipos. Por su calidad técnica y por su carga de verdad, los grabados de Bennàssar alcanzan una cima difícil de superar en el arte del grabado.

Y también la escultura ha estado representada en la selección, a través de milagrosas figuras en hierro de aperos reciclados y en bronces forzados en una original pátina de áspera y hermosa rotundidad. El Mundo-El Día de Baleares.

Joan Bennàssar, Flor d'ametller I