26 octubre 2005

La triste actualidad de Max Beckmann

Beckmann - Fundación Juan March

Sabine Fehlemann ha descrito pormenorizadamente la obra de Max Beckmann (Leipzig, 1884-Nueva York, 1950) en el texto que incluye el catálogo de la actual muestra de la sede palmesana de la Fundación Juan March. Se trata de una cesión temporal del museo Von der Heydt de Wuppertal: de los 110 grabados de Beckmann que posee este museo, 53 han sido seleccionados para su exposición en Cuenca y Palma a lo largo del segundo semestre de 2005. Los acompañan dos pinturas de las nueve que así mismo existen en sus fondos.

Uno de los aspectos más reseñables de la selección es el afán del autor por el autorretrato, una obsesión que supera las cotas que marcaron, por ejemplo, Van Gogh o Picasso, y que rara vez alcanza un autor plástico contemporáneo. Es como si el artista temiera perder su identidad si dejase de representarla cada cierto tiempo. Beckmann, que sufrió crisis psicológicas relacionadas con su experiencia en la guerra, fue toda su vida muy crítico con la sociedad que le correspondió, y en sus retratos se encuentra siempre un matiz de reproche en los finos labios apretados, y un brillo de indignación en la mirada, próxima al rapto de ira o la demencia. Del Autorretrato de 1914, que pretende ser realista en su detalle y más o menos objetivo, a Yo en el hotel (1922), pleno de firmeza serena, pasando por el Autorretrato con buril (1917) o el Gran autorretrato (1919), donde la energía parece a duras penas contenida, Beckmann parece empeñado en dar fe de todos sus sucesivos estados de ánimo, en una especie de diario gráfico que nos confirma la fe del autor en el arte como tabla de salvación personal.

Por otro lado, me llena de inquietud, por su actualidad, su obra datada durante la primera guerra mundial y la primera postguerra. Portador en parte de una vena goyesca, pero también heredero de la riquísima tradición de la ilustración cómica en la prensa alemana del Imperio de los Hohenzollern, Beckmann llega casi al extremo de la caricatura o, más bien, del arquetipo grotesco en sus trabajos más críticos. Su Personas bostezando (1918) es tanto más hiriente cuanto urgente era una acción positiva en aquellas fechas. La técnica de hacinar a sus personajes en un espacio muy breve hace la atmósfera irrespirable; y notable es el hecho de incluir su autorretrato –una vez más– en el grupo, en un ejercicio de autoironía que sólo está al alcance de los más honestos o de los más inteligentes. Parecido es el ambiente de Café musical (1918) o de Manicomio (1918); en este último caso, de la caricatura emanan una profunda sensación de respeto y comprensión y la apertura, a la vista del resto de los grabados, de un interrogante: ¿en qué se diferencian estas figuras implorantes, ausentes o dolidas de las que frecuentan los salones de la alta sociedad o los hogares burgueses? El hambre o Los últimos, ambos de la serie Infierno (1919), reflejan un estado de cosas –las revoluciones y la guerra civil soterrada que sufrió Alemania tras la derrota– próximo a la miseria material y moral: la ausencia de comunicación, la pérdida generalizada del sentido de la realidad y de las referencias éticas.

En 1920 publica Beckmann la carpeta Noche en la ciudad, a partir de poemas de Lily von Braunbehrens, en la que sigue fustigando los vicios de una sociedad alemana que empieza a creer alejados los males de la década anterior. La prostitución, el alcohol, la mendicidad o el crimen pueblan unas estampas realizadas en un estilo más ágil, protagonizados por personajes en permanente desequilibrio y enmarcados en espacios irregulares que parecen dotar de provisionalidad –o de intemperie– al contenido. Pero es en la serie Viaje a Berlín (1922) donde alcanza su mayor índice de acidez. El gesto de los personajes de Los desengañados I, miembros de las capas más conservadoras de un país que acaba de abolir más de un milenio de Monarquía y numerosos privilegios, muestra el aislamiento de las clases entre sí, la insensibilidad de los unos con respecto a los otros. En el genial Los desengañados II, por su parte, aparecen los intelectuales de la República de Weimar en similar actitud de decepcionada pasividad y hasta de sumo aburrimiento, en el acto de retirar su atención a los maestros del pensamiento marxista. Junto al mundo de ocio despreocupado que recogen los grabados Danza desnuda 1922 o La antesala del teatro, el titulado La noche 1922 vuelve a los tópicos del hambre y la soledad, así como a la incomunicación dentro de espacios agobiantes. Amb l'Art (www.amblart.com); reproducido parcialmente en Última Hora (2/11/05).

2 comentarios:

azuldeblasto dijo...

Un poco agobiante la vida de este artista, ¿no?.
Muy completo el artículo, apetece ver la exposición.
Recomiendo otra menos " sufrida", ayer estuve en la inaguración de retratos fotográficos de músicos en el patio de La Misericordia, de la fotógrafa Tanya Neimann, iniciativa que forma parte del festival Mallorca Musica, que nos propone varios conciertos con orquestas varias y solistas de centro europa.
hay una web para consultar las fechas y elenco.
www.musicamallorca.com
Un cordial saludo

Anónimo dijo...

Enhorabuena por el blog.
Un saludo.
http://www.direccionunica.blogspot.com/