Invitado a mediados de los sesenta por el editor Iliazd, Joan Miró (Barcelona, 1893-Palma, 1983) ilustró el libro satírico de Adrian de Montluc, Le courtisan grotesque (1621), que acabaría publicándose en 1974 con una punta seca con aguatinta para la portada y quince aguafuertes con aguatinta en colores para el interior. La serie original de veinticuatro pequeños formatos sobre papel, que Miró había pintado ya en 1965 con este fin, fue adquirida recientemente en Londres por el galerista barcelonés Manel Mayoral, que la enmarcó y expuso en la ciudad condal durante la pasada primavera. Hoy, gracias a la colaboración de Mayoral y Maneu, disfrutamos de una amplia selección de la serie en Palma, una ciudad que nunca ha olvidado a quien probablemente fue su hijo adoptivo más eminente.
La serie pertenece a una fase de la obra mironiana en que el artista ya ha decantado un sistema personal de signos, a medio camino entre la geometría y lo corporal, y, por otro lado, ha dejado a un lado las tribulaciones de los conflictos bélicos que en España y en Francia le había tocado lamentar. Miró, divertido como la sátira que había de ilustrar, da rienda suelta a la imaginación y puebla los papeles de estrellas y lunas, sexos y rostros demediados,

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