12 octubre 2005

Miró: lírica y color

Miró. Le courtisan grotesque (una sel·lecció) - Joan Oliver "Maneu"

Invitado a mediados de los sesenta por el editor Iliazd, Joan Miró (Barcelona, 1893-Palma, 1983) ilustró el libro satírico de Adrian de Montluc, Le courtisan grotesque (1621), que acabaría publicándose en 1974 con una punta seca con aguatinta para la portada y quince aguafuertes con aguatinta en colores para el interior. La serie original de veinticuatro pequeños formatos sobre papel, que Miró había pintado ya en 1965 con este fin, fue adquirida recientemente en Londres por el galerista barcelonés Manel Mayoral, que la enmarcó y expuso en la ciudad condal durante la pasada primavera. Hoy, gracias a la colaboración de Mayoral y Maneu, disfrutamos de una amplia selección de la serie en Palma, una ciudad que nunca ha olvidado a quien probablemente fue su hijo adoptivo más eminente.

La serie pertenece a una fase de la obra mironiana en que el artista ya ha decantado un sistema personal de signos, a medio camino entre la geometría y lo corporal, y, por otro lado, ha dejado a un lado las tribulaciones de los conflictos bélicos que en España y en Francia le había tocado lamentar. Miró, divertido como la sátira que había de ilustrar, da rienda suelta a la imaginación y puebla los papeles de estrellas y lunas, sexos y rostros demediados, animales dudosos, luminosas manchas de colores elementales. Siendo en gran medida su lenguaje un metalenguaje, los signos mantienen un vínculo referencial que permite al espectador reconocer fragmentos de realidad, a modo de ideogramas, pero el mensaje es autónomo y gira en torno al mismo código plástico, del mismo modo en que la lírica contemporánea gira en torno a sí misma y sus recursos. Miró logra en Le courtisan la más sabia combinación de tinta y color, de modo que éste actúe como catalizador de aquélla: cuando mostré algunas de las piezas a mi hija de dos años y medio y le pregunté qué veía, señaló manchas de color: “dos gusanitos”, para el número 1; “una nube”, para el 5; “un ojo y una verdurita”, para el 7; “un kiwi”, para el 9. Como los niños, Miró emplea la sugerencia del color para anclar sus tintas esquemáticas en un mundo de polisémica inocencia. Última Hora.