23 mayo 2016

El peso de la luz

Son ya tres las exposiciones que ha inaugurado Xavier Fiol en su espacio en la capital, Madrid XF Proyectos: Herbert Hamak, Santiago Villanueva y, ahora, hasta el 17 de julio, Pep Llambías. Si el primero investigaba sobre las condiciones físicas y estéticas del color y el madrileño afincado en Palma reflexionaba poéticamente, como suele hacer, sobre el tiempo que “no pasa, sólo se extiende”, el de Alaró opta también por la reflexión cronológica, pero concentrada en la acumulación –a duras penas ordenada– de signos, ideas y experiencias que acarrean obligatoriamente el transcurrir del tiempo y la limitación del espacio para contenerlas. Todo ello existe al abrigo de esos luminosos tan característicos que parecen señalar los resquicios por los que escapar de aquella constricción vital e iluminan simbólicamente la cara oculta de los objetos. Y entre la oveja de la inocencia instalada en la A y el cocodrilo de la experiencia que ruge sobre la Z se extienden, iluminados sólo desde el suelo, todos los signos que nos dicen y nos conforman.

 El local madrileño de Fiol, gestionado por la diligente Luz Villalonga, exige proyectos site-specific que aprovechen las características de la peculiar planta. Y así, la instalación de Llambías, titulada El peso de la luz, se adapta como un guante a un espacio –cuyas líneas maestras aprovecha y casi reproduce– que parece diseñado para sacar partido de la concentración del pensamiento creador, para poner de manifiesto las contradicciones y en tela de juicio todo lo que de superfluo apreciamos a veces en el arte contemporáneo, que es mucho –a veces, carreras enteras... Descartada toda redundancia, la obra desnuda de un artista mallorquín encuentra acomodo natural en un rincón de la madrileña calle Mallorca que, pocos meses después de su apertura, parece mostrar ya entidad de referencia cultural para insulares y para no insulares. El Mundo-El Día de Baleares.