08 junio 2005

El interior del mármol

Juan Quintanilla. Esculturas Junio 2005 - Joan Oliver “Maneu”

Si la memoria no nos falla, es Eduardo Galeano quien describe el encuentro entre un escultor y un niño que asiste embobado al trabajo de aquél durante semanas. Cuando el artista culmina su obra, un hermoso caballo ocupa el lugar donde antes se alzaba la mole de piedra. Asombrado, el niño pregunta al escultor: “¿Cómo sabías que el caballo estaba dentro?” Heredero de ese tópico tan mágico y a la vez tan sensato –tan iberoamericano– sobre el arte, el cubano Juan Quintanilla sabía que el pez estaba dentro: cuando aprovecha las características físicas de un pedazo de mármol gris para simular las escamas y sus colores para dotarlo de aspecto orgánico; o cuando emplea el pulido para los cuerpos, globulares o fusiformes, y un tallado basto para colas y aletas, demostrando conocer las posibilidades de la piedra: junto a la esencia del objeto, rotunda y perfeccionada, lo inacabado del movimiento en los órganos que lo encarnan. La serie Pez, en su simplicidad, es una prueba incontestable de savoir faire.

Ignorar la hendidura fina y evidente –pero misteriosa– que separa lo vivo de lo mineral es un objetivo más que loable en un artista. Este propósito parece inspirar alguna pieza como Torso, donde la forma original de la piedra, apenas desbastada en apariencia, se adivina aún en las turgencias femeninas. Lo mismo se puede predicar de la serie Semilla o del imaginativo Caracol. Pero las formas inspiradas en lo natural dan paso a felices abstracciones en la serie Composición, en la que la agresión del taladro mancha la presencia nítida y maciza de los cuerpos geométricos. Los cilindros de mármol enseñan las heridas de sus volúmenes atravesados o cercenados por la herramienta, y las múltiples trayectorias de ésta se materializan en acero y permanecen insertas, como testigos de la manipulación de la piedra. Tal vez sea la intención del artista reconocer los pasos dados, en una especie de peritaje espiritual. En las obras expuestas en Maneu, todas de 2003-2004, el pinareño manifiesta un concepto pragmático del arte: aparentemente lejano a la teoría estética, se muestra decidido a resolver sobre la marcha los desafíos técnicos que la curiosidad investigadora le plantea. Última Hora.