11 abril 2016

Tierras baldías

LA MIRADA DE DIEZ MUJERES ARTISTAS MUESTRA UNA CARA SOSPECHADA PERO NO SIEMPRE DIVULGADA DEL MUNDO ISLÁMICO

Waste Lands - Es Baluard. Hasta el 19 de junio de 2016

Era una exposición necesaria. Aunque el montaje presente algunas deficiencias debidas probablemente a las limitaciones de la sala, Waste Lands supone un recorrido a medio camino entre lo documental y lo artístico por un mundo de sufrimiento que sólo vislumbramos a través de informaciones desarrolladas en escasos segundos, a veces sesgadas y rígidamente contextualizadas con las letras más gruesas del conflicto entre Occidente y Oriente. Lida Abdul (Kabul, 1973), Tamara Abdul Hadi (Abu Dhabi, 1980), Zoulikha Bouabdellah (Moscú, 1977), Amina Benbouchta (Casablanca, 1963), Gohar Dashti (Ahvaz, 1980), Rena Effendi (Baku, 1977), Yara El-Sherbini (Derby, 1978), Mariam Ghani (Nueva York, 1978), Kinda Hassan (Beirut, 1984) y Larissa Sansour (Jerusalén, 1973), artistas de orígenes, edades y formaciones diferentes, pero que comparten un muy alto grado de aculturación occidental, componen gracias al esfuerzo de la comisaria Piedad Solans un potente caleidoscopio con vistas al interior del mundo islámico, sobre soportes heterogéneos pero, principalmente, audiovisuales. El hecho de que se trate de diez visiones de mujer es decisivo: la muestra se basa en la sensibilidad, en la sabiduría y en el humanismo laico, mucho antes que en las ideologías, a la hora de traducir la realidad de la guerra, la contaminación, la especulación, el terrorismo, la servidumbre femenina o los conflictos religiosos, con una sobriedad y una discreción, en casi todos los casos, de tintes estoicos.

Dejando aparte bromas y trabajos manuales, que nunca faltan en una colectiva de arte contemporáneo, hay que destacar la enorme carga metafórica de las fotografías de la serie Stateless, de la iraní Dashti, verdaderas joyas plásticas con referencias al desarraigo y al extrañamiento e inteligentes alusiones irónicas al arte clásico; el aprovechamiento de un paisaje estático como elemento metafórico y su combinación con la presencia de personajes para crear un efecto dramático –incluso narrativo– es sencillamente magistral. Igualmente cargada de significado está su serie anterior, Slow Decay, que insiste en la confusión entre miseria física y moral y en la minuciosa teatralidad. Golpean con fuerza la conciencia los libros de fotografía de Effendi, sobre la intensa pero olvidada contaminación fruto de la explotación y transporte de los hidrocarburos; y el revelador vídeo de Hassan que, a propósito de un crimen terrorista en el Líbano, permite apreciar en toda su crudeza la deshumanización de una parte del periodismo del que depende nuestro conocimiento. El Mundo- El Día de Baleares.

Gohar Dashti, Stateless, serie de ocho fotografías, 2014-2015.

2 comentarios:

ediazalmela dijo...

Hola Juan Luis, La exposición tiene muy buena pinta, cuando vaya a Palma (pronto, espero) intentaré visitarla. Quisiera preguntarte ¿que quieres decir con que comparten "aculturación occidental"? yo entiendo por aculturación cuando se pierden involutariamente los elementos útiles de la cultura propia (de nuestros ancestros), no cuando se adquieren voluntariamente los elementos que se consideran útiles de otras culturas. Un abrazo.

Juan dijo...

Gracias, Elena, me alegro de volver a leerte. Lo de aculturación está empleado en sentido estricto. Vamos, de la definición del diccionario: aculturar sería "incorporar a un individuo o a un grupo humano elementos culturales de otro grupo", sin más juicio en cuanto a la voluntariedad del proceso. Lo que pasa es que en antropología habitualmente se ha teñido ese concepto de juicio negativo, en parte porque la aculturación efectivamente ha solido darse en condiciones de sometimiento de una sociedad a otra y en parte por reacción contra el eurocentrismo. En antropología latinoamericana, por ejemplo, si no recuerdo mal fue Ángel Rama el que definió transculturación para aludir al mismo proceso pero sin que haya una cultura hegemónica. Así, los españoles aculturarían a los indígenas sometidos, pero cuando hablamos de una fusión o sincretismo positivo o no impuesto de rasgos hispánicos, indígenas, africanos y chinos lo conocemos transculturación. Hablo de memoria y hace muchos años de estas lecturas, ¿vale? Besos.