21 marzo 2016

¿Quién escapa?

CAIXAFÓRUM OFRECE UNA DENSA REFLEXIÓN SOBRE LA MELANCOLÍA COMO MAL ESPIRITUAL, ACTITUD FILOSÓFICA Y MOTIVO ARTÍSTICO

Tiempos de melancolía. Creación y desengaño en la España del siglo de oro - CaixaFórum. Marzo-junio de 2016

El recorrido por las plantas del Gran Hotel nos transporta a una era de claroscuros, a una España de grandezas y miserias que marcó el rumbo de la cultura occidental durante un siglo dorado. Un país y una sociedad cuyas contradicciones no podían dejar de tener reflejo en nuestro atormentado Barroco. Tiempos de melancolía es posiblemente, de las exposiciones temáticas que han visitado Palma, la que muestra un discurso mejor trabado y una virtualidad didáctica más intensa y veraz.

La muestra incluye pintura, escultura y grabado: obras firmadas por las grandes figuras del arte de la época (Durero, Berruguete, Brueghel, Velázquez, De Juanes, Cano, Rubens, Murillo, Ribera…) pero también libros, instrumentos musicales y otros objetos, todo ello encuadrado en un marco filosófico y científico sincrónico y diacrónico, con atención a sus implicaciones privadas y públicas y a los ecos que aún hoy sobreviven a ese contexto particular. La comisaria, María Bolaños, nos señala con eficacia docente la tristeza como posible rasgo propio de aquella nación española; su carácter de enfermedad pero, también, de síntoma de genialidad; sus manifestaciones religiosas, filosóficas, musicales y literarias; en definitiva, el alma torturada del Barroco.

En Tiempos de melancolía se reúnen un puñado de obras sobrecogedoras. No se repone uno fácilmente de la visión del cruel pero resignado Saturno devorando a un hijo (1636-1638) de Rubens. La admiración por Ribera se renueva ante la perspicacia y la empatía de sus retratos: el genio melancólico por excelencia, Heráclito (ha. 1630) o su hermosísimo San Jerónimo penitente (1634). El eremita y traductor es motivo recurrente en este período del arte, como vuelve a demostrar el alarde técnico de Alonso Cano en un barro cocido de 1637. Bellísima es la factura de una Santa María Egipcíaca (siglo XVIII) de Luis Salvador Carmona en madera policromada. Pero quizá la parte más inquietante de la exposición se encuentra en sus representaciones de niños junto a calaveras: un alabastro anónimo del siglo XVI, con un infante plácidamente dormido; y un grabado de Hendrik Goltzius de 1594, con un niño que juega a hacer burbujas de jabón y cuya leyenda nos interroga: “Quis euadet?”, arrojándonos la certeza de que la vida, ya desde su principio, está sujeta al mismo destino que esas pompas, efímeras e irrelevantes. El Mundo-El Día de Baleares.

Anónimo, Niño dormido sobre calavera, alabastro, siglo XVI