La historia late en las piedras del oratorio a través de lo textual y a través de lo matérico. En un contexto en el que las funciones originales del edificio han caducado, Absolon intenta dotarlo de nuevo sentido y lo hace contraponiendo piezas abstractas al roce y la gastadura tangible de la piedra, asociando colores dinámicos y sugerencias de fluidez a la lápida de una sepultura y toda su carga heráldica y mortal. Sobre el foco más relevante del templo, el altar, yace literalmente una pieza de crudo laconismo, como oponiendo la intimidad y la discreción a la solemnidad litúrgica del sacrificio. Los azules, blancos y amarillos ensimismados de Absolon contrastan con el detalle biográfico y la melancólica evocación pública de la mortalidad de Tomás Burgués-Zaforteza, primer marqués del Verger. Frente al testimonio histórico y la voluntad trascendente, Absolon propone un nuevo y sencillo orden simbólico abstracto que aporta escéptico optimismo, economía, naturalidad, ironía, frescura. El Mundo-El Día de Baleares.
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