21 septiembre 2005

Restituir con rigor

La forma restituita. Arte italiano de fin de milenio - Centro Pelaires

En su texto introductorio al magnífico catálogo editado por Pelaires para La forma restituita, Marco Meneguzzo defiende un carácter propio del arte italiano del último tercio del siglo XX y, por extensión, del latino frente al anglosajón, que debería dar unidad a la muestra. Para el comisario, el arte italiano de los setenta y ochenta optó por el redescubrimiento de las formas y aspiró a alcanzar un arte libre de condicionantes en que la ética de la obra perteneciese a la misma obra: el artista no pretendería decir otra cosa que no fuese la misma obra. Sería, pues, una manera de perseguir el establecimiento de una nueva perfección formal, de un nuevo canon. Para Meneguzzo, el arte povera, con todo su componente subversivo, contemplada desde nuestra perspectiva no es ya sino otro clasicismo. Pese a unos presupuestos teóricos tan acertados como abiertos, la colectiva, que incluye un número notable de artistas y abarca un arco temporal bastante amplio, resulta un tanto heterogénea. La adscripción de ocho de los diez autores seleccionados a la mencionada neovangurdia no es suficiente para relacionar eficazmente, por ejemplo, las instalaciones de neón de Mario Merz con las ceras de Domenico Bianchi. Se trata, por otra parte, de una exposición rigurosa y altamente representativa.

Giulio Paolini, 'Intervalo' (1984) La obra del mencionado Bianchi (Anagni, 1955) se caracteriza por investigar en materiales poco habituales en el arte. Hojas muy finas de metales nobles, paladio, yeso o, como en esta ocasión, fibra de vidrio y cera, son vehículo a veces de estudiadas geometrías, y otras de configuraciones de aspecto cartográfico o catastral, al mismo tiempo que sugieren una entidad orgánica que resulta, así, contradictoria. De Jannis Kounellis (El Pireo, 1936) destaca el sentido de la ironía y su inteligente manipulación de los objetos cotidianos, que tras pasar por sus manos adquieren nuevas funciones y sentidos. Quiero detenerme, por último, en la obra de Giulio Paolini (Génova, 1940), que con su Intervalo (1984) o su Bis a bis (1992) cuestiona la identidad humana y la forma en que entendemos su presencia en el espacio y en el tiempo, trasladando el punto de vista de la percepción que ejercemos sobre la realidad fuera del propio hombre. Última Hora.