07 septiembre 2005

Fotografía para el siglo XXI

Colección de Fotografía Contemporánea de Telefónica - Casal Solleric

Quedan aún algunos días para disfrutar de la selección de fotografía de la nueva colección de Telefónica, que en el Casal Solleric recoge la obra de treinta y cuatro artistas. Según los organizadores, la exposición quiere reflejar “el cambio de paradigma que se produce en la cultura visual –especialmente en las últimas décadas– cuando la fotografía, el cine y el vídeo se transforman en instrumentos de valor artístico”, y ya no sólo documental. En ello tienen mucho que ver el empleo de las nuevas tecnologías, la asimilación de técnicas de montaje, la confusión de géneros que es consustancial al arte contemporáneo y la asunción de prácticamente todos los enfoques: el conceptual, el social, el esteticista o el narrativo resultan igualmente válidos como discursos artísticos. Es difícil señalar en pocas palabras el sentido unitario de una muestra tan rica; y detenernos en sólo alguno de los artistas presentes constituirá apresurada injusticia.

Shirin Neshat, 'Whispers' (1997)Y, apresuradamente, recae la vista en La iglesia (Santa Clotilde, París) (1991), del neoyorquino Andrés Serrano. Serrano demuestra que la fotografía puede ser vehículo de la poesía en una instantánea de composición redonda en que la monumentalidad muestra sus orines, la luz se alía dramáticamente con las sombras y la presencia del hombre se manifiesta sólo por sus enseres: una silla vacía introduce la única nota de color en el silencio pétreo, gris y solemne del templo, delata la actividad humana y plantea más dudas que certezas. Parecido concepto dramático, pero con resultados mucho más conciliadores, se da en El museo de Pérgamo 2 (2001), del alemán Thomas Struth, en el que en vez de silencio escénico encontramos actores en acción, y una confluencia del pasado arqueológico y los esquemas actuales que pretende proporcionarnos explicaciones que nos tranquilicen. También apresuradamente cabe lamentar el mal gusto del registro fotográfico de una performance ciertamente reprobable de la serbia Marina Abramovic, The Lips of Thomas (1975/1997), que confunde la obligación que el arte tiene de sacudir las conciencias con la atracción enfermiza por la violencia. O el acierto de los españoles María Bleda y José María Rosa, que con Campos de batalla (1995-1996) tienden un puente desolemnizador entre el pasado de las grandes gestas y un presente de paisajes cotidianos. Última Hora.