07 abril 2006

La mirada impasible

Isaac Montoya. Emisiones peligrosas - Casal Solleric

Se ha prorrogado hasta mediados de abril la breve muestra de Isaac Montoya (Burgos, 1963). El autor expone indivivualmente –y en el ámbito internacional– desde 1991, es asiduo de ARCO desde 1992 y conocido del público mallorquín desde que hace tres años colgó en la Fundació Pilar i Joan Miró su exposición Ya es primavera en El Mundo al Revés, en cuyo título está explícita una de las claves de la obra de este artista castellano: la ruptura de los sistemas perceptivos y, a través de ellos, el cuestionamiento de los valores comúnmente asumidos y la subversión del orden intelectual.

La superposición de esquemas perceptivos distantes u opuestos (lo luctuoso frente a lo bello, la hecatombe en lo cotidiano) no es original por sí misma y podemos encontrar numerosos ejemplos en el arte de todas las épocas. Lo interesante de la serie Basado en hechos reales estriba en la sensación de impasibilidad ante el horror que se nos consigue transmitir. La manipulación digital instala paisajes bombardeados en entornos supuestamente cercanos, quemaduras terribles sobre cuerpos destinados al placer; pero la escenificación de actitudes que ignoran el horror causa más extrañeza que el horror en sí mismo. Las bellezas estereotipadas, procedentes del ámbito de la publicidad, chocan con los hechos reales más por su imperturbable serenidad que por su desconexión con ellos, convirtiéndose así en una denuncia que nos mira a los ojos. Las referencias a Afganistán, Moscú o Irak habrían sido innecesarias, pero Montoya quiere relacionar sin mayor sutileza lo que sus obras tengan de interés con el desinterés creciente por las noticias del mundo real, con su montaña diaria de cadáveres que en absoluto nos conmueven.

Basado en hechos reales (Rusia) (2002)

Ese contraste entre el mundo en que vivimos y el mundo que ignoramos se nos presenta, de nuevo en clave comunicativa, en las dos cajas de luz tituladas Emisión codificada (2004), en las que el juego visual cuestiona de nuevo los límites entre lo existente y lo percibido y, en definitiva, señala las respectivas responsabilidades de los medios de comunicación, la publicidad y el arte en el hecho de que vivamos disociados de la realidad, tal vez como única vía para sentirnos seguros. Última Hora.