Pablo Ruiz Picasso (1881-1973) es, al mismo tiempo, el más importante artista gráfico del siglo XX y el que grosso modo cierra el ciclo del grabado y la estampación en el arte contemporáneo, casi todas cuyas modalidades practicó con gran profusión. En 1899 graba por primera vez en cobre en Barcelona, y en 1919 hace su primer ensayo litográfico con la invitación a su exposición cubista de ese año. Pero será a

Las dos series de la colección de la Fundación Bancaja que se exponen en el Casal Solleric corresponden a un Picasso muy maduro, el de sus últimos quince años en Mougins. En la primera, Retrato de familia (1962), continúa colaborando con Mourlot. Después disminuye su actividad litográfica, pasando progresivamente al cobre y al linóleo. Cuando acomete las calcografías a color de la segunda de las series expuestas hoy en Palma, Los fumadores (1964), ya hace meses que se han establecido en Mougins los hermanos Crommelynck, expertos grabadores. Con ellos emplea el de Málaga barniz blando, aguatinta al azúcar o aguafuerte. Ambas tiradas suponen la manifestación de un punto de inflexión en la incesante actividad investigadora del artista; de valor artístico limitado, su interés para la historia del arte, del comercio artístico y, en particular, de la obra picassiana, es fundamental.
El lujoso catálogo editado por Bancaja recoge en magníficas reproducciones las dos series de grabados acompañadas de sendos textos de Juan Carrete Parrondo y Guillermo Cabrera Infante. El experto en grabado hace un detallado recorrido por ese arte y su práctica por Picasso, muy interesante para quien desee adentrarse en los aspectos técnicos de la litografía y la calcografía. El narrador cubano, recién desaparecido, comenta la relación artística y vital de Picasso con el tabaco en un texto exquisito: “Picasso fumando”. Última Hora.
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